A pocos días de la segunda vuelta electoral, resurgen los cuestionamientos sobre el papel histórico y político del fujimorismo en el Perú. Evidencia.pe plantea una reflexión sobre la concentración de poder, la memoria democrática y los riesgos que representaría un eventual retorno de Fuerza Popular al Ejecutivo, en un contexto marcado por la polarización y la desconfianza institucional.
La frase suena trillada, pero, 26 años después de la caída del fujimorismo, sigue teniendo vigencia.
Aún hoy, el fujimorismo, con Keiko a la cabeza, sigue representando un riesgo para la democracia. Si gana, además del sistema de justicia —Ministerio Público, Fiscalía de la Nación, Tribunal Constitucional y Junta Nacional de Justicia— y el Congreso, ya tendría en sus manos todos los poderes del Estado. Y ni hablar del claro apoyo de ciertos sectores de las Fuerzas Armadas y la Policía, e incluso de algunos medios de comunicación.
¿No les recuerda esto a algo? Al decenio anterior al año 2000, a los días previos a la publicación del primer Vladivideo.
El exdictador Alberto Fujimori, junto a su compinche y cómplice Vladimiro Montesinos, también tenía secuestrados todos los poderes del Estado: jueces comprados, fiscales condescendientes, militares corruptos, congresistas tránsfugas y medios de comunicación, e incluso periodistas, bajo sueldo.
La única diferencia entre Keiko y su padre es que ella logró copar el aparato de justicia y el sistema político desde el Congreso, en complicidad con partidos y parlamentarios corruptos, en lo que se ha denominado acertadamente como el pacto corrupto.
Lo que el país se jugará el próximo 7 de junio es el último bastión de poder que le falta tomar a la “Chika”. Si asume la Presidencia el próximo 28 de julio, no cabe duda de que la líder fujimorista terminará por cumplir su cometido y empezará el robo al por mayor de las arcas del Estado. Y, al tener todo el aparato de justicia en sus manos, será difícil que se investigue o procese al fujimorismo, terminando así de tomar por asalto la democracia.
El voto ciudadano del próximo 7 de junio tiene que emitirse con memoria histórica, recordando lo que pasó en los años noventa y lo que podría venir en los próximos cinco años o, quién sabe, por un tiempo indeterminado, hasta que los peruanos tengamos que volver a levantarnos y recapacitar para recuperar la democracia.
¿Queremos volver a pasar por lo mismo?
CITA
“El voto ciudadano tiene que emitirse con memoria histórica y responsabilidad democrática”.
DATO
El contexto político actual es igual a los hechos ocurridos durante la década de los 90s.








