
El profesor William Caraballo enseña en una escuela rural de Chachas con equipos adquiridos con su propio dinero.
Por: Carlos Vásquez Gonzáles. Periodista
Cada 6 de julio el país rinde homenaje a los maestros. Se pronuncian discursos sobre su entrega, se les llama el pilar de la educación y se les agradece por formar a las futuras generaciones. Pero apenas termina la ceremonia, miles de docentes vuelven a una realidad que desmiente esos reconocimientos: enseñar en el Perú sigue significando poner de su propio bolsillo lo que el Estado no garantiza.
La historia del profesor William Caraballo Morales lo evidencia. A sus 43 años, trabaja desde hace dos en la institución educativa nivel primario del anexo de Huarocopalca, en Chachas (Castilla). Enseña a trece estudiantes de quinto y sexto de primaria en una misma aula y soporta temperaturas que durante las heladas alcanzan los 20 grados bajo cero. Al implacable frío, su otro gran obstáculo, es la precariedad.
Consciente de que la tecnología mejora el aprendizaje, compró con su propio dinero un proyector multimedia para desarrollar sus clases. Nadie se lo entregó. Lo adquirió porque su compromiso con los niños fue más fuerte que la indiferencia de un sistema que exige resultados, pero no proporciona las herramientas para alcanzarlos.
El caso de William, quien llegó desde su natal Chumbivilcas, no es aislado. Según la Gerencia Regional de Educación, en Arequipa hay un promedio de mil docentes rurales que trabajan en condiciones adversas no solo climáticas, sino en logísticas e infraestructura en sus centros de trabajo y, por supuesto, deben comprar sus propios materiales, pagar impresiones, equipos y útiles para que sus alumnos reciban una educación digna. Lo preocupante es que esta situación se haya normalizado, me dice el profesor William mientras recorre el ambiente conmigo.
Se aplaude la vocación del docente mientras el Estado traslada silenciosamente sus responsabilidades a quienes menos deberían asumirlas. No se puede hablar de calidad educativa cuando son los propios maestros quienes subsidian al sistema. La educación pública no puede depender del sacrificio personal ni de la capacidad económica de cada docente. Eso no es compromiso institucional; es precarización.
El profesor William merece reconocimiento, pero también merece trabajar en las condiciones que cualquier profesional esperaría de su empleador. El verdadero homenaje a los maestros no consiste en un diploma ni en un discurso anual, sino en garantizar escuelas equipadas, recursos suficientes y respeto por una profesión que sigue sosteniendo la educación pública, muchas veces, a costa de su propio esfuerzo y de su propio salario.
CITA
«El verdadero homenaje a los maestros es garantizar escuelas equipadas y condiciones de trabajo dignas.»
CIFRA
Mil docentes rurales aproximadamente trabajan en condiciones adversas en Arequipa, según la Gerencia Regional de Educación.








