julio 12, 2026
San Juan Bautista

Exalumnos y familias acompañaron con orgullo la participación de las delegaciones lasallistas.

Jonathan Barcena reflexiona sobre el triunfo de la Institución Educativa San Juan Bautista de La Salle en el desfile escolar del Cercado de Arequipa. Más allá de los primeros puestos obtenidos por sus delegaciones de primaria y secundaria, destaca el legado de disciplina, esfuerzo, identidad y formación en valores que une a estudiantes, exalumnos, docentes y familias.

Lic. Jonathan A. Barcena Carpio. Periodista

Fueron meses de sacrificio, horas de largos ensayos, el cuerpo desmayaba, mientras el corazón latía indomable. Los hermanos menores también querían iniciar la senda ganadora y por primera vez en la historia de la I.E. San Juan Bautista de la Salle una escolta y un batallón, integrado únicamente por alumnos de primaria, haría su paso de desfile gallardo para honrar aquella tradición de fe, fraternidad y servicio.

Hay triunfos que se celebran por el resultado. Pero, existen otros que trascienden el gallardete, porque representan la continuidad de una historia construida por generaciones. Lo ocurrido en la Av. Independencia no fue solamente la conquista del primer puesto; fue la confirmación de que el espíritu lasallista sigue vivo, firme y dispuesto a escribir nuevas páginas de gloria para nuestro amado colegio.

Como exalumno, confieso que observar aquel desfile removió los recuerdos más profundos de mi juventud. Volví a sentir el nerviosismo de formar con mi primer sol radiante antes de ingresar a la pista de desfile, el sonido marcial de la banda me hizo derramar lágrimas de añoranza y la mirada exigente de nuestros instructores y maestros me hizo sentir el inmenso orgullo de alguna vez haber vestido el uniforme de una institución que nos enseñó que el honor no se improvisa: se cultiva con disciplina, esfuerzo y valores.

Sin embargo, esta vez la emoción fue distinta. Ya no estaba en las filas del batallón, regreso hoy como padre de familia, orgulloso de vestir el emblema lasallista y de ver como esos pequeños de la promoción 2031 y algunos otros menores de años aún más inferiores llevaban la pierna en alto cargando sobre sus pequeños hombros el prestigio de un colegio que formó a miles de hombres de bien. En cada paso de ellos veía reflejado al niño que alguna vez fui; en cada movimiento sincronizado reconocía las enseñanzas que nunca abandonan a un verdadero lasallista.

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Muchos solo vieron un desfile impecable. Yo vi el resultado de incontables tardes de entrenamiento, de ampollas en los pies, de uniformes acomodados con esmero, de padres esperando pacientemente el final de cada ensayo y de docentes que entregaron mucho más que su tiempo. Detrás de ese primer lugar existieron niños que aprendieron a levantarse cuando el cansancio parecía vencerlos, porque comprendieron que representar a San Juan Bautista de la Salle significa dar siempre un esfuerzo adicional.

La victoria tiene un significado aún mayor porque fue alcanzada por los más pequeños. Aquellos niños demostraron que la grandeza no depende de la edad, sino de la convicción. Debutaron en el desfile de la avenida Independencia sin el peso de la experiencia, pero con la fortaleza que nace de creer en uno mismo y en el equipo. Lo hicieron con elegancia, marcialidad y con una serenidad admirable para quienes apenas comienzan a escribir su propia historia.

El gallardete de primer puesto, entregado por la Municipalidad Provincial de Arequipa, simboliza mucho más que un reconocimiento. Representa el nacimiento de una nueva tradición. Desde hoy, los alumnos de primaria saben que también pueden ser protagonistas y que el camino de la excelencia empieza desde los primeros años de formación. Ellos no heredaron solamente un uniforme; heredaron un legado.

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En una época en la que muchas veces se cuestionan los valores de las nuevas generaciones, estos niños nos recordaron que la disciplina sigue siendo una escuela de vida. Aprendieron a obedecer, a respetar, a perseverar y a comprender que ningún triunfo verdadero llega sin sacrificio. Esa enseñanza permanecerá mucho después de que el desfile termine y el gallardete encuentre su lugar en las vitrinas del colegio y en cuanto desfile participen.

No solo fueron los más pequeños, los hermanos mayores también se hicieron sentir en el estrado de honor. Chicos que están a portas de dejar las aulas escolares y quisieron dejar un legado para su colegio al enfundarse el uniforme y sacar su paso marcial para conquistar ese segundo lugar meritorio que los coloca como vencedores y a la vez se sacan la espina, tras un año de ausencia que solo La Salle sabe el por qué.

Al verlos desfilar, como exalumno, siento que el tiempo no alejó el vínculo con mi colegio. Al contrario, lo fortaleció. Porque San Juan Bautista de la Salle no solo forma estudiantes; forma familias que transmiten de generación en generación el amor por una institución que educa con el ejemplo.

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Hoy celebro este triunfo con lágrimas de orgullo y con la misma intensidad con la que lo habría hecho cuando era estudiante. Celebro a cada niño, a cada joven, a cada padre de familia, a cada maestro y a cada instructor que creyó que era posible alcanzar este sueño. Celebro a mi colegio porque continúa demostrando que la excelencia nunca es casualidad.

El primer y segundo puesto quedará registrado en los libros de la institución. Pero el verdadero premio permanecerá grabado en el corazón de quienes vimos marchar a nuestros hijos siguiendo las huellas que nosotros mismos recorrimos años atrás.

Porque ser lasallista no termina el día de la graduación. Ser lasallista es una forma de vivir, de servir y de honrar los valores aprendidos en las aulas. Y mientras exista un estudiante dispuesto a marchar con dignidad llevando el nombre de la I.E. San Juan Bautista de La Salle, habrá una historia que seguir contando.

¡Con honor hasta el fin!

CITA

«El verdadero premio permanecerá en el corazón de quienes vivieron este desfile».

DATO

La Salle obtuvo el primer lugar en primaria varones y el segundo lugar en secundaria varones.

DATO

Fue la primera vez que una escolta y un batallón conformados solo por alumnos de primaria representaron al colegio.

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