
El fusil AKM y las pistolas permanecieron varios días fuera del control de la Policía Nacional.
Por: Carlos Vásquez Gonzáles. Periodista
El robo de un fusil AKM y dos pistolas de reglamento a dos efectivos de la Policía Nacional en Arequipa dejó de ser un simple hecho policial para convertirse en un episodio que pone en tela de juicio la credibilidad de la institución. Lo más inquietante no fue únicamente que delincuentes desarmaran a policías en pleno servicio, sino que, conforme avanzaron las investigaciones, comenzó a tomar fuerza una hipótesis aún más grave: que el golpe pudo haber contado con ayuda de los agentes en cuestión.
Las primeras versiones resultaban difíciles de creer. Dos agentes armados, dentro de un patrullero, son sorprendidos por delincuentes, quienes se llevan un fusil de guerra, dos pistolas abastecidas, municiones y hasta sus teléfonos celulares. Más tarde se conoció que el vehículo estaba estacionado en una zona oscura, presuntamente con las puertas sin seguro y que los suboficiales habrían estado descansando. Cada nuevo detalle hacía crecer las dudas más que las respuestas.
El coronel PNP José torres Aragonés, jefe de la oficina de disciplina policial Arequipa, sostuvo que investigan a ambos policías al existir indicios de posible complicidad de quienes debían custodiar esas armas. Si esa hipótesis termina confirmándose, no estaremos frente a un simple robo, sino ante una traición a la función policial y a la confianza de toda una sociedad.
La posterior recuperación del arsenal no borra la gravedad de lo ocurrido. Durante varios días, un fusil AKM y dos pistolas de uso oficial estuvieron fuera del control del Estado. Bastaba una sola decisión criminal para que esas armas fueran utilizadas en un asesinato, un asalto o una invasión de terrenos, como dejó entrever en conferencia de prensa el jefe de la región policial, general PNP Antonio La Madrid.
Pero si las evidencias demuestran que facilitaron o participaron en el robo, la sanción debe ser ejemplar. La delincuencia representa una amenaza para cualquier sociedad. Pero cuando la sospecha alcanza a quienes portan el uniforme y tienen el deber de protegernos, el daño trasciende el delito.
CITA
«Si esa hipótesis se confirma, no estaremos ante un simple robo, sino ante una traición a la función policial.»
DATO
El caso involucra el robo de 1 fusil AKM y 2 pistolas de reglamento pertenecientes a la Policía Nacional.








