La cultura volvió a ser la gran ausente en el debate presidencial entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. Mientras la seguridad, la economía y la salud dominaron la agenda electoral, las políticas culturales apenas aparecen en los planes de gobierno. El reto para la próxima gestión será convertir la riqueza cultural del Perú en una prioridad real con presupuesto, descentralización y políticas sostenibles.
Por: Sarko Medina Hinojosa. Periodista
El domingo 31 de mayo, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez debatieron en el JNE. Cuatro temas estuvieron en agenda: seguridad ciudadana, fortalecimiento del Estado democrático, educación y salud, economía y empleo. La cultura no estuvo en la lista. Es una costumbre, casi como olvidarse de decir la verdad.
Los planes de gobierno de ambos dedican a la cultura lo que un restaurante de menú diario le dedica a la carta de vinos: algunas líneas decorativas que nadie leerá y menos aún cumplirá. Sánchez propone «descolonizar la cultura» y reformar el Ministerio. Keiko menciona patrimonio y turismo sostenible. Ninguno dice cuánto presupuesto, ninguno dice cómo, ninguno cuándo.
El Perú tiene cuarenta y siete lenguas originarias, una gastronomía que conquista el mundo, una tradición literaria con un Premio Nobel sobreexplotado, una artesanía y una arquitectura sin equivalente. Y el Ministerio de Cultura recibe históricamente uno de los presupuestos más raquíticos del Estado, cada año amenazado con la reducción de los fondos para los Estímulos Económicos, los cuales tampoco se descentralizan. Los escritores sin fondos editoriales, los músicos sin circuitos de difusión, las lenguas originarias extinguiéndose en silencio.
En Arequipa lo sabemos bien. Ciudad Patrimonio de la Humanidad que pelea por conservar adoquines mientras las gestiones pasan sin dejar una obra cultural emblemática. Festivales que sobreviven gracias al entusiasmo voluntario de quienes creen que la cultura no es un lujo, sino la columna vertebral de cualquier proyecto de país. Mientras tanto, hay algunos que hasta reciben el doble de presupuesto.
Entonces, ya que ninguno lo tocó en el debate, queda aquí sentado y explicado lo que el próximo gobierno debería abordar: un presupuesto cultural real, no simbólico, que financie circuitos de difusión literaria y musical fuera de Lima; una política de lenguas originarias con maestros bilingües pagados dignamente, no voluntarios heroicos; fondos editoriales descentralizados que permitan que la literatura arequipeña, cusqueña, puneña y amazónica llegue a los lectores sin pasar por el filtro capitalino; museos provinciales con personal estable y colecciones actualizadas; reconocimiento económico a los artesanos como trabajadores culturales, no como atractivo turístico folclórico. Y que, por fin, la Ley del Libro se implemente con un buen reglamento, mínimo. ¿No? Hasta la Feria La Independiente, que recorría el país, no puede hacerlo por falta de ese apoyo.
Ningún candidato presidencial en la historia reciente llegó al poder con un plan cultural serio, financiado y ejecutable. Porque la cultura no gana elecciones, no aparece en las encuestas de preocupación ciudadana, no genera titulares. Entonces no existe en los debates, siendo el pilar que sostiene la identidad peruana, porque sin eso nada de Perú es clave, señor Julio Velarde.
Quien gane el 7 de junio heredará un país culturalmente rico y presupuestalmente abandonado en ese mismo rubro. Que lo recuerde cuando nombre al ministro de Cultura, si es que lo recuerda. Al final, el que gane decidirá.
CITA
“La cultura no gana elecciones, por eso suele desaparecer de los debates presidenciales”.
DATO
El Perú cuenta actualmente con 47 lenguas originarias reconocidas oficialmente.









