Usted decide: Flechita vacador

Sarko Medina advierte que la vacancia de Víctor Hugo Rivera por el uso de recursos municipales para el cuidado de su mascota reabre el debate sobre la cultura política y el uso indebido del poder público. Más allá del monto involucrado, el caso refleja cómo algunas autoridades confunden la función pública con beneficios personales.

Caso “Flechita” terminó con la vacancia del alcalde provincial de Arequipa.

Por: Sarko Medina Hinojosa. Periodista

El Jurado Nacional de Elecciones vacó al alcalde provincial de Arequipa, Víctor Hugo Rivera Chávez, por utilizar recursos públicos para el cuidado de su mascota “Flechita”. Herbert Hernán Jaime Arenas fue contratado para labores de seguridad mediante órdenes de servicio por 14,400 soles, pero terminó paseando al perro dentro de instalaciones municipales durante horario laboral. El caso tardó más de dos años en resolverse.

No es el primer caso ni será el último. En Chimbote, suspendieron al alcalde Felipe Mantilla por usar una camioneta municipal para ir a jugar fútbol. Tres presidentes han sido vacados en los últimos años: Martín Vizcarra, Pedro Castillo y Dina Boluarte. Asimismo, José Jerí enfrentó mociones de vacancia y censura casi desde que asumió, por actuar arbitrariamente desde Palacio de Gobierno.

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El patrón es el mismo: autoridades que confunden el cargo con una propiedad personal. Que utilizan recursos públicos para asuntos privados, creyendo que el puesto les otorga ese derecho. Que prometen una cosa y hacen otra cuando les conviene. No se trata de casos de corrupción millonaria, sino de un malentendido fundamental sobre lo que significa servir al Estado.

El problema no radica en la gravedad del monto. Catorce mil cuatrocientos soles resulta poco en comparación con otros casos de corrupción. Lo grave es la incapacidad de distinguir entre lo público y lo privado en cuestiones básicas. Contratar personal municipal para pasear al perro, usar la camioneta oficial para ir a jugar fútbol o construir un jacuzzi en una oficina municipal son síntomas de algo más profundo.

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Porque cuando una autoridad no entiende que cada sol del presupuesto, cada trabajador contratado y cada recurso asignado no le pertenecen, el problema deja de ser únicamente ético e individual. Se convierte en un problema de cultura política. Hemos normalizado que los cargos públicos se utilicen como trampolines personales y no como responsabilidades al servicio de la ciudadanía.

Rivera Chávez y Mantilla: casos distintos, mismo malentendido. El poder es un préstamo temporal para servir, no una concesión permanente para servirse.

Al final, usted decide qué creer.

CITA

“El poder es un préstamo temporal para servir, no una concesión para servirse.”

CITA

“Las autoridades confunden el cargo público con una propiedad personal.”

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DATO

El JNE concluyó que recursos municipales fueron utilizados para actividades ajenas a la función pública.

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