La elección al Parlamento Andino avanza con más del 83 % de actas, pero sigue siendo ignorada por los votantes. La falta de información y resultados limita su impacto y relevancia.
Por: Karola Lara Manchego. Doctora en Comunicación y Desarrollo
Mientras el país permanece atento a quién pasará a la segunda vuelta presidencial, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) ya ha superado el 83.42 % de actas escrutadas, incluyendo las correspondientes al Parlamento Andino. En ese avance silencioso se define también una elección que pasa casi inadvertida: la de sus representantes ante este organismo regional.
Y eso dice mucho de nosotros. Votamos por representantes a un organismo internacional sin saber bien qué hacen, sin conocer sus nombres y, peor aún, sin exigirles resultados. No es una exageración: el Parlamento Andino es, probablemente, la elección más invisible del proceso electoral peruano.
Los resultados preliminares muestran lo que ya conocemos: una representación repartida entre Fuerza Popular, Renovación Popular, Juntos por el Perú y Ahora Nación. Es decir, la misma fragmentación que caracteriza nuestra política interna. Pero aquí la pregunta no es quién gana, sino para qué sirve ganar.
El Parlamento Andino forma parte de la Comunidad Andina. En el papel suena importante: coordina políticas entre países, promueve acuerdos regionales, impulsa temas como educación, medio ambiente o migración. En la práctica, sin embargo, sus decisiones no son obligatorias. Puede recomendar, sugerir, dialogar… pero no decidir.
Ahí está el primer gran quiebre entre lo que es y lo que debería ser, porque cuando una institución no tiene capacidad vinculante, su valor depende —casi exclusivamente— de la calidad de quienes la integran. Y ese es el segundo problema: muchas veces, el Parlamento Andino no ha sido ocupado por perfiles con visión internacional, sino por figuras que llegan sin agenda clara o como extensión de la política local.
Entonces ocurre lo previsible: el ciudadano no ve resultados, no percibe beneficios concretos y termina concluyendo que ese espacio no sirve.
Pero la realidad es un poco más incómoda. El Parlamento Andino sí podría servir. En un mundo donde los países se agrupan para negociar, proteger sus intereses y enfrentar problemas comunes, la integración regional no es opcional; es estratégica. El Perú necesita estar presente en esos espacios. Necesita voz.
Lo que no puede permitirse es estar mal representado. Ahí está el verdadero problema: no es la existencia del Parlamento Andino, sino su desconexión con la ciudadanía y la falta de impacto tangible. Se vota, se elige, se ocupa el cargo… pero no se explica qué se hace ni para qué sirve.
Y lo que no se entiende, no se valora. El dato del 83.42 % de actas escrutadas no solo define el poder dentro del país, sino también fuera de él. Sin embargo, seguimos mirando solo una parte del tablero. Quizá porque es la más visible. Quizá porque es la única que creemos que importa.
El desafío no es eliminar el Parlamento Andino ni seguir ignorándolo. El desafío es más incómodo: empezar a tomarlo en serio, exigir mejores candidatos, pedir resultados y, sobre todo, dejar de votar a ciegas.
Porque, al final, el problema no es que exista este espacio.
El problema es que lo hemos convertido en un voto sin consecuencias.
CITA
“Votamos por representantes sin saber qué hacen ni exigirles resultados”.
CIFRA
83.42 % de actas ha procesado la ONPE, incluyendo Parlamento Andino.
DATO
El Parlamento Andino forma parte de la Comunidad Andina, pero sus decisiones no son vinculantes









