La muerte del fotoperiodista Heiner Aparicio generó una profunda conmoción entre colegas y ciudadanos en Arequipa. En una emotiva columna, el periodista Jonathan Bárcena recordó su legado humano y profesional, mientras familiares y amigos mantienen firme el pedido de justicia tras el accidente que acabó con su vida.
Lic. Jonathan Alejandro Bárcena Carpio. Periodista
Escribir estas líneas es, quizá, la tarea más dolorosa que el periodismo me ha impuesto. Intentar despedir a un hermano de vida, compañero de innumerables comisiones en distintas orillas del periodismo, pero unidos siempre por la misma pasión. Heiner Aparicio Ojeda no solo era un fotógrafo; era un hombre íntegro, la luz de su hogar y un amigo cuya ausencia deja el corazón reducido a escombros.
Su partida no fue un designio del destino, sino la consecuencia de la irresponsabilidad criminal de un conductor que, en estado de ebriedad, apagó la vida de un hombre que aún tenía mil historias por contar junto a su fiel compañera de batallas: su cámara. Heiner se fue, pero su silencio hoy es un grito ensordecedor que clama justicia. Un clamor que no debe apagarse hasta que la ley caiga con todo su peso sobre el responsable o los responsables. Su negligencia dejó en la absoluta orfandad a cuatro niñas que hoy lloran la ausencia de su padre: Yadira, Marley, Rafaela y Alexa. Ellas son el legado más tierno y, al mismo tiempo, el testimonio más doloroso de esta tragedia.
Cargar su féretro fue sentir el peso de un vacío imposible de llenar. No pesaba la madera; pesaban la injusticia y el dolor de saber que caminábamos hacia su última morada.
El adiós en el Colegio de Periodistas del Perú se dio entre coronas de flores y el llanto contenido de los colegas. El ambiente se sentía espeso, cargado de una incredulidad que nos asfixiaba. Ver su ataúd rodeado por aquellos con quienes compartimos jornadas de sol y noticias fue un golpe seco a la realidad. No era una cobertura más; era el cierre definitivo de su edición personal. Su última portada.
Tuve el honor —el más amargo de mi vida— de cargar su féretro sobre mis hombros. En ese trayecto, cada paso me recordaba su risa, su ímpetu y esa lealtad inquebrantable que solo Heiner sabía entregar. Me dolió el alma sentir que, con cada metro avanzado, lo entregábamos a la eternidad del camposanto.
Frente a su sepultura, las palabras se quiebran y las lágrimas discurren. Heiner, te vas físicamente, pero nos dejas la tarea de cuidar tu memoria y de no descansar hasta que tus hijas vean que, en este país, la vida de un hombre justo vale más que la impunidad de un irresponsable.
Descansa en paz, amigo mío. Aquí nos quedamos nosotros, con el alma herida, pero con el puño en alto, exigiendo la justicia que tu partida merece.
#JUSTICIAPARAHEINER
CITA
“Su silencio hoy es un grito ensordecedor que clama justicia”.
DATO
Heiner Aparicio deja en la orfandad a cuatro niñas tras el trágico accidente ocurrido en Arequipa.









