Opinión

La voz red: Democracia o dictadura constitucional

Arturo Salas Vildoso. Abogado y analista político

A puertas de un nuevo proceso electoral, que normativamente condenará a las urnas en clave de cremación política a la alternancia partidaria, habría que preguntarse si los procesos electorales han consolidado una democracia constitucional y funcional que promueve o si protege los derechos fundamentales, que respeta los límites del poder, la vida, la voluntad y la soberanía popular.

La respuesta, que para muchos parece no ser obvia, la encontramos en nuestra realidad nacional. La misma que nos habla con pruebas en mano y semblante de resignación, sobre la falta de políticas de estado orientadas a combatir las brechas sociales, erradicar en lo posible la inseguridad ciudadana, hacerle frente a la profunda corrupción, la inestabilidad política, la informalidad del empleo, la precariedad rural, la represión y la estigmatización en contra de los que piensan o sienten diferente, entre tantos otros factores.

Una democracia constitucional no reprime en grado de muerte a sus ciudadanos por el solo hecho de protestar luego de ejercer su derecho de petición en el foro público; todo lo contrario, los escucha. Una democracia constitucional no alaba, elogia ni engrandece a quienes teniendo el deber de garantes del derecho a la vida, la salud e integridad física lo vulneran. Una democracia constitucional no legisla en favor de la criminalidad organizada, ni en favor de quienes cometieron crímenes de lesa humanidad. Una democracia constitucional no procura la impunidad frente a los crímenes de Estado. Una democracia constitucional no condena a sus adolescentes; los socio educa.

Una democracia constitucional no permite que un poder político del Estado se convierta en un solo actor para controlarlo todo. Una democracia constitucional no permite que la alternancia en el poder sea negada como fuente de pluralidad partidaria. Una democracia constitucional no permite que la corrupción se institucionalice al interior del aparato estatal. Una democracia constitucional no permite que el control y la represión sean mecanismos para arrinconar a la oposición y las libertades constitucionales. Una democracia constitucional no permite ni justifica los crímenes de odio. Una democracia constitucional no permite que la discriminación se imponga a la promoción de la igualdad, ni le rehúye al fuero jurídico supranacional. Una verdadera democracia constitucional tiene en la persona humana el fin supremo de la sociedad y del Estado.     

Que no te mientan, una dictadura constitucional nos gobierna, no votes por los mismos; que la resistencia civil electoral sea nuestra respuesta.  

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