Congreso peruano afronta sus primeros 50 días bajo cuestionamientos por enfrentamientos entre bancadas y pugnas internas.
Lo dije en una Pontezuela anterior y hoy lo sostengo: el Congreso bicameral es un desastre y apenas tienen 50 días en el cargo.
No era necesario ser adivino. Para saberlo, bastaba con ser observador y seguir de cerca las campañas electorales. Era relativamente fácil presagiarlo. Recordemos que fueron momentos de terror, abundantes en ataques, insultos, promesas, denuncias forzadas. Además de presentarnos listas con candidatos increíbles; sin estudios, provenientes de la universidad de la vida, poseedores de nutridos prontuarios policiales y judiciales, reciclados y resucitados. En fin, una pléyade de joyitas que deslumbraron a un incauto electorado, ávido de soluciones; ansioso, desencantado, decepcionado, sordo, ciego y mudo.
Era el escenario ideal para que los partidos políticos, si así se les puede llamar, pesquen votos a sus anchas y consigan “meterlos” en ambas cámaras. Es así que ingresaron personajes de toda laya, provenientes de las canteras de la derecha, de la izquierda, del radicalismo, del fanatismo, del extremismo. Hoy todos empoderados, creyéndose dueños de la verdad e imponiéndola en todos sus actos.
A la luz de todo esto tampoco es necesario ser un erudito para imaginar lo que serán los próximos meses y años. En estos cortos 50 días hemos visto más desencuentros que propósitos positivos. Una bancada conformada por miembros de JP, OBRAS y El Buen Gobierno, enfrascada en decirle NO a toda iniciativa proveniente del gobierno,. Y del otro lado, una bancada integrada por militantes de Fuerza Popular y Renovación Popular, empeñada en descalificar a sus colegas de enfrente.
Lo cierto es que no se vislumbra una luz al final de este túnel parlamentario. La reposición de la bicameralidad, necesaria para quienes la propulsaron y absurda para quienes la cuestionamos, no está justificando su renacimiento. Está ocurriendo lo mismo que ya habíamos visto y padecido antes: una serie de enfrentamientos por el poder e ignorando el bien del país.
Desde los primeros días fuimos testigos de peleas intestinas, increíbles “chasqueadas”. O sea, jaladas de cabellos por las oficinas, pugnas por contratar a sus allegados, un afán desmedido por engrosar las filas de la burocracia parlamentaria colocando a sus allegados, a sus familiares, a dirigentes de sus partidos y a ex parlamentarios afines a su ideología; unos como asesores, otros como técnicos y la mayoría como administrativos. Por cierto, con muy buenos sueldos, bonos y una serie de prebendas. Seguro estoy que más tarde que temprano aparecerán los primeros “mocha sueldos” o “aportantes voluntarios”; ya lo verán.
Esta miasma congresal me recuerda a aquella que reinaba en la década de los 90’s y dio lugar al autogolpe de Fujimori. La pregunta surge por sí sola: ¿estamos en un escenario similar?
Creo que sí. Sino veamos congresistas que se oponen por oponerse, un sobredimensionamiento burocrático, bancadas ideologizadas, radicales y extremistas. Terrorismo urbano, crimen organizado desbordado, escasa o nula respuesta del Estado, un Gobierno debilitado, tibio y mediocre que, hasta hoy, no parece estar convencido que ganó las elecciones.
Informalidad extrema en todos los ámbitos, ciudades anárquicas, gobiernos regionales y locales ganados por la corrupción. Ausencia de servicios, la salud por los suelos, el sistema educativo desfasado, una larguísima lista de obras públicas inconclusas y abandonadas. Todo mal, todo pésimo.
Y, nosotros, ahí estamos, como la mortadela del emparedado. Inertes, asistiendo con marcada resignación a este triste y desolador cortejo fúnebre. ¿Cambiarán las cosas en algún momento? Esperemos que sí. Recordemos que no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. En algún momento reaccionaremos, ojalá y no sea tarde.
CITA
“Lo cierto es que no se vislumbra una luz al final de este túnel parlamentario”,
DATO
El nuevo Congreso bicameral apenas lleva 50 días en funciones y ya enfrenta fuertes cuestionamientos por su desempeño.
DATO
Fuerza Popular y Renovación Popular son descritas como bancadas enfrentadas a sus colegas de otros sectores políticos.
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