Usted decide: La democracia imperfecta

La democracia peruana atraviesa una de sus etapas más frágiles y cuestionadas, marcada por crisis políticas, vacancias y enfrentamientos constantes. Sin embargo, pese al desencanto ciudadano y la polarización electoral, el voto continúa siendo el principal mecanismo para resolver diferencias sin violencia y preservar el sistema democrático en el país.

El voto vuelve a convertirse en el principal acto de defensa democrática en el Perú.

Por: Sarko Medina Hinojosa. Periodista

La democracia es, en esencia, un acuerdo civilizado para resolver conflictos sin matarnos. Es el pacto social que establece que, aunque no estemos de acuerdo, contaremos votos en lugar de cadáveres. Aunque nos parezca insoportable el candidato que ganó, aceptaremos el resultado porque la alternativa es el caos. Suena romántico en los libros de texto; en la práctica peruana, es bastante menos poético.

Winston Churchill dijo que la democracia es la peor forma de gobierno, exceptuando todas las demás. Tenía razón. En el Perú hemos comprobado esa verdad de maneras brutales: ocho presidentes en diez años, tres vacados por incapacidad moral, uno destituido tras un autogolpe fallido, congresos disueltos, protestas reprimidas y promesas rotas convertidas en costumbre nacional. La democracia peruana es imperfecta, cuestionada, vulnerada y muchas veces ocupada de manera autoritaria por quienes juraron defenderla.

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Y, sin embargo, sigue siendo importante ejercerla.

Porque la alternativa no es un sistema mejor. La alternativa es no tener sistema. Es volver a resolver nuestras diferencias por la fuerza, por el poder económico sin contrapesos o por la imposición de quien tenga más armas o más contactos. La democracia, con todos sus defectos, es el único mecanismo que nos permite cambiar de rumbo sin derramar sangre.

Votar el 7 de junio entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez no será un acto de entusiasmo cívico. Será un acto de supervivencia democrática. Porque cada vez que votamos, aunque sea sin ganas, aunque sea por el menos malo, estamos diciendo: todavía creemos que esto se puede resolver civilizadamente. Todavía apostamos a que las instituciones pueden funcionar. Todavía preferimos la imperfección del voto a la certeza de la violencia.

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El color del voto no importa tanto como el acto mismo de votar. Que un fujimorista y un antifujimorista puedan permanecer en la misma fila electoral sin agredirse es democracia. Que el resultado se acepte, aunque duela, es democracia. Que en cinco años podamos volver a intentarlo con otros candidatos también es democracia.

No es perfecta. Nunca lo será. Pero es nuestra. Y mientras tengamos la posibilidad de cambiar gobernantes con un lápiz en lugar de un fusil, valdrá la pena defenderla.

Pese a los colores. Pese al hartazgo. Pese a todo. Al final, usted decide.

CITA

“Mientras podamos cambiar gobernantes con un lápiz, valdrá la pena defenderla”.

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DATO

El Perú tuvo ocho presidentes en apenas diez años de inestabilidad política.

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