
El Senado deberá revisar y debatir los proyectos aprobados por la Cámara de Diputados.
Por Sarko Medina Hinojosa. Periodista
En la misma cédula de abril, otro casillero pedía marcar un senador. Treinta de los sesenta salieron de un distrito electoral único para todo el país, y los otros treinta se repartieron uno por cada departamento, incluido Arequipa. Dos elecciones en una sola boleta que casi nadie se detuvo a diferenciar antes de votar.
El Senado no propone leyes desde cero, salvo en materias de su competencia exclusiva. Su trabajo principal es revisar, modificar o aprobar los proyectos que le envía la Cámara de Diputados antes de que se conviertan en ley. Además, y esto poca gente lo sabe, elige al Defensor del Pueblo y a los magistrados del Tribunal Constitucional, designa al contralor general de la República y ratifica al superintendente de Banca, Seguros y AFP, aprueba los tratados internacionales antes de la firma presidencial y revisa los decretos de urgencia que dicta el Ejecutivo. Y a diferencia de los diputados, el cargo es de tiempo completo e irrenunciable: nadie puede simplemente renunciar cuando el ambiente se pone difícil, algo que a más de un congresista de las últimas décadas le hubiera encantado tener a mano. Salvo… un caso raro como el de Rafael López Aliaga que pudo hacerlo antes de instalarse.
Lo que no debe ser un senador es igual de revelador. No es un premio de consuelo para el político que no llegó a la presidencia. No es una plataforma para blindar investigaciones propias o ajenas usando el peso institucional del cargo. No es, tampoco, un filtro técnico de adorno que aprueba en automático lo que manda la otra cámara, aunque la tentación de simplemente firmar y pasar sea, históricamente, la más peruana de todas.
Especulemos con un ejemplo cercano. Imaginemos que Diputados aprueba un proyecto que modifica cómo se calcula el canon que Cerro Verde transfiere a Arequipa. El texto llega al Senado para revisión. Ahí puede pasar cualquier cosa: que un senador arequipeño lo defienda línea por línea porque conoce el impacto real en las cuentas regionales, o que la bancada nacional, mayoritariamente limeña, lo apruebe sin mayor debate porque el canon arequipeño nunca fue su prioridad electoral.
No es el primer mecanismo que promete filtrar lo que llega mal hecho. El país ya probó comisiones revisoras y controles que en el papel funcionaban perfecto. La pregunta no es si existe el mecanismo, sino quién lo usa y para qué.
Ese es el verdadero examen del Senado: no si sabe revisar comas y plazos, sino si resiste la tentación de convertir la técnica en trámite. Al final, usted decide.
CITA
“El Senado no propone leyes desde cero, salvo en materias de su competencia exclusiva”.
CIFRA
60 senadores: conforman el Senado en el Perú.
DATO
Los senadores ejercen un cargo de tiempo completo e irrenunciable







