agosto 21, 2026
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Los pacientes serán los principales afectados si persisten los problemas de gestión en EsSalud.

La salida de Jaime Moreno de la presidencia de EsSalud no garantiza por sí sola una mejora en los servicios. El verdadero desafío será transformar el cambio de autoridades en resultados concretos para los asegurados, desde el abastecimiento de medicamentos hasta la atención médica.

Lic. Jonathan A. Barcena Carpio. Periodista

La salida de Jaime Moreno de la presidencia ejecutiva de EsSalud abre una discusión que va mucho más allá de un cambio de funcionario. El Gobierno presentó su remoción como el inicio de un proceso de mejora y colocó nuevamente en el centro del debate aquello que nunca debió perderse de vista: los pacientes.

Pero, cambiar a una autoridad no significa, por sí solo, cambiar una institución. Ese es precisamente el reto.

La información conocida sobre EsSalud resulta preocupante. Se habla de una crisis financiera, problemas en el abastecimiento de medicamentos, dificultades en el funcionamiento de equipos médicos y una crisis en la operación de los servicios. A ello se suma la denuncia de un perjuicio económico superior a los 1 300 millones de soles relacionado con la ineficiencia en la compra de medicamentos.

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Cuando una institución de salud llega a este punto, el problema deja de ser únicamente administrativo. Termina afectando directamente al ciudadano que espera una cita, necesita un medicamento, requiere un procedimiento o simplemente busca atención médica.

Y aquí aparece una lección que también debe aplicarse a cualquier administración pública de salud: el paciente no puede ser la variable de ajuste de una mala gestión.

Durante demasiado tiempo, la política tuvo la tentación de convertir las instituciones públicas en espacios de poder, cuotas y disputas. Pero, un hospital no es una oficina partidaria. Un servicio de salud no puede evaluarse por la cantidad de funcionarios designados, sino por la calidad de atención que reciben quienes llegan buscando ayuda.

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Por eso, el cambio anunciado debe ser real y medible. No basta con reemplazar autoridades ni prometer que la pesadilla terminará. La verdadera transformación tendrá que sentirse en los consultorios, en las farmacias, en los equipos médicos, en la gestión de los recursos y, sobre todo, en la experiencia de los pacientes. El propio Gobierno señaló que el objetivo es que los asegurados reciban los beneficios a los que tienen derecho. Ese es el verdadero reto.

Si la nueva administración pretende marcar una diferencia, deberá demostrar que la eficiencia puede estar por encima de los intereses políticos y que las decisiones se toman pensando primero en el paciente y no en quien ocupa el cargo.

Porque en salud no existen segundas oportunidades para quien espera una atención que no llega.

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El cambio, entonces, no debe quedarse en una resolución suprema, en un nuevo nombramiento o en un discurso optimista. El cambio debe convertirse en resultados.

Y si realmente comienza una nueva etapa, habrá que exigir algo tan sencillo como contundente: que esta vez la administración esté a la altura de los pacientes.

Porque la salud no necesita más promesas. Necesita gestión.

CITA

“Porque en salud no existen segundas oportunidades para quien espera una atención que no llega”.

CIFRA

S/ 1 300 millones: perjuicio económico superior mencionado en relación con la ineficiencia en la compra de medicamentos.

DATO

El reto de la nueva administración es demostrar que las decisiones se toman priorizando a los pacientes.

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