Opinión

Sin Filtro | El voto secreto no es traición, es una garantía de la democracia

Por: Karola Lara Manchego
Doctora en Comunicación y Desarrollo

La política peruana parece haber ingresado a una peligrosa etapa donde el valor de un parlamentario ya no se mide por el respeto a la Constitución, la ley o su conciencia, sino por la capacidad de exhibir una cédula de votación para satisfacer a su bancada. Es decir, si no muestra el voto, automáticamente es tratado como traidor.

Ese razonamiento no solo es autoritario. Es profundamente antidemocrático.

La reciente controversia protagonizada por la senadora Silvana Robles, cuestionada por la elección de la Mesa Directiva del Senado, ha puesto sobre la mesa una discusión mucho más importante que el nombre de una congresista: ¿para qué existe el voto secreto en el Parlamento?

La respuesta es sencilla: para proteger la libertad del representante frente a las presiones políticas, partidarias o personales.

El propio Reglamento del Congreso establece que la elección de la Mesa Directiva del Senado se realiza mediante voto secreto, utilizando cédulas depositadas en un ánfora, seguido del escrutinio público. Ese procedimiento no es un accidente ni una concesión; fue diseñado precisamente para garantizar que cada senador pueda votar conforme a su criterio, sin coerción externa.

Paradójicamente, quienes hoy exigen que cada parlamentario exhiba su voto están pidiendo, en los hechos, la desaparición del voto secreto.

¿Qué sentido tendría mantener un mecanismo secreto si inmediatamente después cada legislador debe levantar la cédula para demostrar obediencia? NINGUNO.

Sería convertir el voto secreto en una simple puesta en escena.

La democracia representativa no funciona sobre la base de la vigilancia partidaria, sino sobre la autonomía del representante. Edmund Burke, considerado uno de los padres del parlamentarismo moderno, sostuvo hace más de dos siglos que un parlamentario debe a sus electores no solo su trabajo, sino también su juicio y que sacrificar ese criterio para obedecer órdenes constituye una traición a la representación política.

Por ello resulta preocupante que algunos sectores pretendan convertir la disciplina partidaria en un mecanismo de fiscalización visual del voto. Eso tiene un nombre: SECTARISMO.

No importa si el parlamentario pertenece a la izquierda, la derecha o el centro. Si el criterio para juzgarlo consiste únicamente en comprobar que votó exactamente como quería la dirigencia, entonces el Congreso deja de estar integrado por representantes de la Nación y pasa a convertirse en un conjunto de delegados sometidos al control de sus organizaciones políticas.

En el caso de Silvana Robles, la discusión tampoco debería construirse sobre presunciones.

Ella sostiene que votó por la Lista 2, reconoce como un error no haber mostrado la cédula y ha solicitado que se revisen los registros audiovisuales del acto electoral para esclarecer lo ocurrido. Ese pedido deberá ser evaluado dentro del procedimiento correspondiente. Mientras tanto, convertir una sospecha en una condena política anticipada contradice el principio básico de toda democracia: nadie debería ser considerado culpable sin pruebas suficientes.

Una cosa es exigir responsabilidad política; otra muy distinta es exigir demostraciones públicas de obediencia partidaria.

Las bancadas tienen pleno derecho a investigar internamente la conducta de sus miembros.

Lo que no deberían hacer es convertir el voto secreto en una ficción.

Porque si mañana todos los congresistas deben mostrar obligatoriamente su cédula para evitar sospechas, entonces ya no estaremos hablando de libertad parlamentaria, sino de vigilancia política.

Y cuando el miedo a la sanción partidaria reemplaza a la libertad de conciencia, el Parlamento deja de deliberar y comienza simplemente a obedecer.

Ese nunca ha sido el propósito del voto secreto. Ni debería serlo.

Cita

Ella sostiene que votó por la Lista 2, reconoce como un error no haber mostrado la cédula y ha solicitado que se revisen los registros audiovisuales del acto electoral para esclarecer lo ocurrido.

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