En fin, fue la alcaldesa Ruccy Oscco la que tuvo la certeza de darle a Arequipa una justificación para reclamarse Patrimonio Cultural de la Humanidad y permitir que los jóvenes sigan bailando.

Por: Jorge Luis Quispe
Nunca deja de sorprenderme la discriminación que fluye sin rubor, sin miramientos y sin una pizca de mínima vergüenza de gente que no se mira al espejo al mismo tiempo que vocifera a todo el que tiene un poco de sentido común, que no son arequipeños y todo un afluente de agravios propios de gente sin capacidad de hilar dos ideas juntas. Lo peor es que ellos son los únicos que no se dan cuenta.
En Arequipa tenemos un espacio público llamado Plaza España, lo primero que se advierte es la gran sede de la Corte Superior de Justicia de Arequipa, al frente la parroquia y la iglesia de Santa Martha. Desde que tengo uso de plena razón, hace por lo menos veinte años sabía como lo sabemos todos los de mi generación que en esa plaza bailan y danzan una infinidad de grupos de toda índole. Para cualquiera que haya nacido o crecido en esta ciudad, esto no es ninguna novedad.
Eso es tan cierto como el hecho de que cualquiera que camina por la calle Siglo XX se arriesga a inhalar el olor más putrefacto y nauseabundo que sentirá en toda su vida. Apesta, puede, huele terriblemente mal. Como es obvio, no se puede responsabilizar directamente a los jóvenes danzarines de ello.
Hay que tener en cuenta que las callezuelas tributarias de la plaza en mención están repletas de huacterías clandestinas, barcitos de mala muerte que han proliferado incluso al frente de la parroquia, pero claro, nublados por el racismo y la discriminación que no quieren disimular, estos prefieren inculpar a la juventud danzante.
El ahora por fortuna exalcalde Víctor Hugo Rivera como una última muestra de su desprecio a la ciudad colocó vallas en la plaza restringiendo así cualquier tipo de manifestación artística, dejando claro que eso fue más fácil para él que intervenir las muchas cantinas que rodean la plaza España, yo no me imagino las numerosas o cuantiosas razones que lo animaron para esta decisión.
En fin, fue la alcaldesa Ruccy Oscco la que tuvo la certeza de darle a Arequipa una justificación para reclamarse Patrimonio Cultural de la Humanidad y permitir que los jóvenes sigan bailando. Ni bien quitó las vallas, cualquiera que haya notado lo obvio y respaldado el carácter público de una plaza, fue víctima de todo tipo de comentarios racistas.

Bien visto, vienen de gente amaestrada en sentir vergüenza de bailar, de sentir, de gozar, en suma es gente adoctrinada en la nadería. Les hiere atestiguar que la juventud se plazca en divertimentos que ellos ignoran o que les mal enseñaron que era innoble practicar. Es innegable también que a esta gente les aborrece su propia incapacidad para bailar algo en público y hasta en privado.
Reclaman identidad de la boca para afuera pero son totalmente incapaces de impulsar cualquier iniciativa que preserva nuestra languideciente identidad. Quieren acusar falsamente a los jóvenes artistas de ensuciar y degenerar el ornato de la plaza.
Si nos ponemos en ésas, todo sino gran parte del centro histórico apesta, ya es hora de que alguien lo diga. Basta ver y sentir lo meado que está el Puente Grau, la calle Bolívar es un muladar, sin contar que decenas de turistas caminan y toleran el olor a la inmundicia de esa zona.
El monasterio de Santa Catalina también apesta y está meado en la calle Zela y lo que es más, el olor a excremento está al frente de los restaurantes que atienden en la vía adoquinada. Toda la avenida La Marina es una letrina pestilente, ya no se diga la subida de la calle San Agustín.
En suma, caminar por el centro es hoy arriesgarse a que el aire excrementicio le golpee la cara a uno. Y no veo a ninguno defendiéndolo ni quejándose.
En fin, deben tener en cuenta que cada comentario racista es un voto directo a Roberto Sánchez, a ver si se la piensan antes de hacer el ridículo de racear a alguien.
Cita
Desde que tengo uso de plena razón, hace por lo menos veinte años sabía como lo sabemos todos los de mi generación que en esa plaza bailan y danzan una infinidad de grupos de toda índole.









