agosto 23, 2026
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Las celebraciones por el aniversario de Arequipa incluyeron numerosos corsos, pasacalles y actividades masivas durante agosto.

Las celebraciones por el aniversario de Arequipa se han convertido en una extensa sucesión de actividades masivas que, según esta columna de opinión, evidencian excesos. Pasacalles, corsos, serenatas y reuniones acompañadas de consumo de alcohol generan congestión vehicular, basura y mayor presión sobre servicios de emergencia, Policía, serenazgo y personal de limpieza.

Por Sergio E. Mostajo C. Periodista

Está bien festejar, está bien sentir amor al terruño, está bien distender el ánimo, está bien darle cuerda al baile y canto; pero no en exceso.

El día de Arequipa se ha convertido en una inagotable carrera festiva, desde el primer día de agosto y hoy, lunes 24, aún no terminan las actividades programadas y no programadas.

Los excesos no son buenos, en nada. Casi siempre conducen al desgobierno, al desenfreno, a lo insaciable. Y cuando esto ocurre nada satisface las expectativas de quienes se sumergen en ellos, siempre van a querer más, van a exigir más, van a reclamar más y aun así se van a sentir insatisfechos.

Entre los eventos masivos, los que congregaron a mucha gente, podemos contar el pasacalle regional, luego el malhadado desfile de luces, creo que así lo han denominado; un evento ajeno a la costumbre y tradición de Arequipa que ha llegado para quedarse. Posteriormente se desarrolló el corso descentralizado en el Cono Norte, otra vez horas de horas danzando, además, bebiendo y ensuciando las calles. El 14 las entradas de ccapos se apoderaron de calles y avenidas. El tradicional, el que viene de Cayma, se ha convertido en un corso, con carros alegóricos e interminables comparsas. El otro de reciente data que viene desde Socabaya, igualmente, es un émulo de corso. Al día siguiente, se desarrolla el Corso de la Amistad que hace mucho tiempo dejó de ser eso para convertirse en un desfile comercial. ¿Tantas actividades masivas son racionales?

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Todo esto sin contar las serenatas. Este año, la plaza de armas volvió a ser escenario de una. Además de la que la municipalidad provincial realiza en la avenida de La Marina, hubo serenatas por doquier, descentralizadas, distritales, centralizadas, etcétera. Un exceso por dónde se vea.

En todos los casos, estos eventos fueron sazonados con harto alcohol, cerveza, piscos, vinos, rones, whiskis, cócteles, ponches, dianas, preparados, hasta los peligrosos rasca buches. La ingesta de bebidas espirituosas traen consigo grandes borracheras, peleas, accidentes, vómitos, intoxicaciones de todo tipo, saturación de los servicios de emergencia en postas y hospitales, trabajos forzados del personal médico, de los policías, de los serenos y del personal de limpieza, todos ellos son los grandes sacrificados. Ellos no festejan, ellos recogen toda la mierda que dejan en las vías y lugares públicos, los miles de ciudadanos arequipeños y no arequipeños.

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Hay que sumar a estos excesos festivos el caos, desorden y anarquía que reinan en calles, avenidas, plazas y parques de la ciudad. El tránsito vehicular en esos días es una desgracia, la ciudad partida como si fuera una gran torta, horas de horas para ir de cono a cono. Buscar vías alternas por la periferia es todo un reto, un poco más y hay que subir a las faldas de los volcanes o transitar por las riberas del Chili. No se piensa en quienes siguen trabajando, en quienes no tienen feriados; ellos son el segmento poblacional sacrificado.

Creo con sincero deseo que, todo esto debe cambiar. Se debe replantear el desarrollo y programación de tantas actividades. Pienso que la municipalidad debe crear un organismo especializado en su realización, que convoque a expertos y recoja las propuestas de todos los habitantes de esta comarca.

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Podemos festejar nuestro día con orden, limpieza, alegría, con chicha y adobo, sin grandes sacrificios. Y lo principal, sin excesos.

CITA

“Está bien festejar, está bien sentir amor al terruño, está bien distender el ánimo, pero no en exceso”.

DATO

Se debe crear un organismo especializado que organice las actividades festivas y recoja propuestas de los ciudadanos.

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