
Escupir en la vía pública, invadir veredas y arrojar basura son prácticas criticadas por el autor.
Por: Sergio E. Mostajo C. Periodista
Según la Real Academia de la Lengua Española – RAE – detestar significa sentir un profundo rechazo, aversión o repugnancia hacia alguien o algo, o sea, implica una fuerte desaprobación. Y la misma academia señala lo siguiente en torno a censurar: juzgar, reprobar o criticar severamente una acción, actitud o texto. Es expresar desaprobación pública hacia la conducta de alguien o el contenido de una obra.
En tal contexto, citaré una serie de comportamientos humanos que detesto y censuro. Aclaro que son percepciones personales que hago públicas con la finalidad de llamar la atención y generar una corriente de enmienda en quienes incurren en ellos-. Algunas citas son, también, auto comportamientos, pues no soy, ni pretendo serlo, un ser perfecto, impoluto o santo.
Los iré listando, algunos con una breve sustentación, seguro que hay muchos, muchísimos más que los haré conocer en otra Pontezuela. Pero en esta primera entrega me abocaré a lo visto en mi tránsito por calles y veredas; todos malos comportamientos, exentos de consideración y respeto a los demás.
– Detesto que alguien delante, detrás o al costado mío lance un escupitajo con mocos y flema a la vereda.
– Detesto ver venir hacia mí a una persona “hundida” en su celular que, si no hago un “ejem” u otro ruido, terminará atropellándome. Son generalmente jóvenes atrapados por las redes.
– Detesto que los comerciantes ocupen las veredas con su mercadería, obligando a los peatones a bajar a la calzada, exponiéndose a ser atropellados por un vehículo.
– En ese mismo marco, detesto a los comerciantes que instalan toldos o sombrillas para proteger su mercadería del sol, son aparatos enormes que sobresalen hacia las veredas y están tan bajos que muchos terminamos chocando contra ellos.
– Detesto ir por la vereda y toparme con un vehículo, estacionado frente a la cochera, de un irresponsable que cree ser dueño de la calle, atravesado de lado a lado, muy pegado a la puerta. Y solo queda bajar a la pista para sortearlo.
– Censuro a los propietarios o conductores de restaurantes que tiran su basura a las veredas, siendo residuos orgánicos especiales. Y pese a estar en bolsas, las grasas, aceites y otros fluidos, convierten las calles en muladares resbalosos y malolientes. Los municipios recogen esa basura y limpian, pero es tal la cantidad que han formado una suerte de costras grasientas muy duras.
– Censuro y detesto a quienes han convertido el pie de árboles y postes en basureros y letrinas. Es usual y hasta “normal” encontrar y ver allí bolsas, túper de plástico y botellas; además de sentir un fuerte olor a orina causado por quienes miccionan en esos lugares.
Termino aquí de citar algunos comportamientos detestables y censurables de quienes incurren en ellos. Pese a tratarse de personas “civilizadas”, casi todas con estudios de primaria, secundaria y superior, pero que carecen de empatía o prestan poca o casi nada de atención a los mismos, que actúan así instintivamente, sin raciocinio y, por cierto, sin ningún respeto ni consideración.
En la próxima Pontezuela, ampliaré este listado que, por cierto, puede ser enriquecido por ustedes.
CITA
“No se trata solo de educación, sino de respeto y consideración hacia quienes comparten el espacio público”.
DATO
Detestar es el rechazo profundo; y censurar, una desaprobación pública.







