Sergio Mostajo sostiene que las elecciones 2026 confirman un “desastre anunciado”, marcado por fragmentación, cuestionamientos al sistema electoral y una creciente desconfianza ciudadana que pone en duda la legitimidad del proceso.
Por Sergio E. Mostajo C. Periodista
Lo sostuve desde hace tiempo; consta en el texto de “La Pontezuela” del 11 de noviembre del año pasado. Entonces afirmaba que estas elecciones serían un desastre.
El tiempo y lo que vemos hasta ahora me dan la razón. Sostenía que todo abonaba para que así fuera: la proliferación de candidatos en cantidades nunca vistas, elecciones internas de papel, designación de postulantes cuestionados por sus antecedentes, influencia extranjera, intromisión de organizaciones criminales, financiamiento proveniente de fuentes ilícitas y, si a todo eso le sumamos el pésimo y cuestionado desenvolvimiento de quienes lideran y trabajan en los organismos rectores como el Jurado Nacional de Elecciones, RENIEC y ONPE, el caldo está listo.
Con semejantes ingredientes no había que ser pitoniso ni clarividente, tampoco un excelso analista político, para anticipar el resultado. Hoy, lunes 20 de abril, confirmamos este desastre: estamos sumidos en un lodazal, no vemos una salida medianamente decente, el sistema electoral está herido de muerte. Cualquiera que sea el final de este drama, será cuestionado. Las denuncias de fraude no van a cesar; provendrán de quienes, desde sus propias perspectivas, se sientan afectados. Creo que nadie, salvo quien marcha en el primer lugar, la señora Keiko y sus huestes, avala el proceso.
Independientemente de la etapa previa, es innegable que el proceso mismo, es decir, el acto electoral del domingo 12 de abril, está plagado de vicios. Unos, entre ellos el jefe de la ONPE, hablan de simples fallas logísticas; otros, acusados de conspiranoicos, hablan de fraude; y no faltan quienes se acusan mutuamente de ser malos perdedores y de querer anularlo para favorecer sus intereses.
A estas alturas no sabemos quiénes serán los protagonistas de la segunda vuelta, si es que la hay. Solo se conoce una cara de la moneda. Si el proceso sigue en marcha —cosa que dudo—, el resultado final, según voceros de ONPE y JNE, se conocerá en la primera quincena de mayo.
Punto y aparte para referirme a la elección de senadores y diputados. En Arequipa se tiene certeza sobre algunos; en el plano nacional también se conoce a un pequeño grupo de quienes han sido elegidos. Estoy seguro de que las sorpresas, agradables y desagradables, no han terminado.
En lo personal, me satisface que se haya puesto fin a la existencia de “líderes” y partidos que habían perdido la brújula, que se habían convertido en mercaderes de la política, que mantenían cuotas de poder bajo las sombras, que sacaban y ponían presidentes de acuerdo con sus conveniencias, que negociaban leyes, que exigían ministerios y bolsas de trabajo en cuanta dependencia pública hay. Sus partidos eran vientres de alquiler que posibilitaban la llegada de cuestionados personajes.
¿Han desaparecido? ¿Nunca más los veremos como candidatos? No lo creo. Estoy seguro de que, después de relamer sus heridas, volverán a la palestra, reciclados, con nuevos nombres y, lo peor, sin dejar de lado sus viejas prácticas. Ya lo verán.
Por de pronto, pese a haber perdido sus inscripciones y gracias a leyes aprobadas por ellos mismos, pueden presentarse a las elecciones regionales y municipales. Lo sé, y estamos de acuerdo: es un despropósito. Pero lo pueden hacer e, incluso, ser elegidos gobernadores o alcaldes. Así de triste es la realidad.
CITA
Con estos ingredientes, no hacía falta ser analista para prever el desastre electoral que hoy enfrenta el país.
DATO
Decenas de candidatos y partidos fragmentaron el voto, generando incertidumbre sobre los resultados finales.
DATO
El resultado oficial podría conocerse recién en la primera quincena de mayo, según autoridades electorales.









