Las intervenciones realizadas en la vivienda del alcalde de Yanahuara dentro de la Zona Monumental generaron fuertes cuestionamientos por presuntas modificaciones sin autorización del Ministerio de Cultura. El caso reabre el debate sobre la protección del patrimonio histórico y el rol de las autoridades frente a posibles afectaciones urbanísticas.
Lo ocurrido en la primera cuadra de la avenida Ejército, con el cambio del adoquinado histórico por concreto, impulsado e impuesto por el alcalde de Yanahuara, Sergio Bolliger Marroquín, era apenas la punta del iceberg del evidente desprecio que el edil tiene hacia todo lo que implique cultura, patrimonio y preservación de la historia arquitectónica de la ciudad. Vale señalar: aquello que dejaron nuestros antepasados y por lo que muchos lucharon para que fuera declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Y muestra de ese desprecio es lo que Bolliger hizo en su propia vivienda, ubicada en plena Zona Monumental de Yanahuara, un espacio con la misma importancia y las mismas condiciones de protección que el Centro Histórico de Arequipa.
El espacio que Bolliger prometió proteger cuando juró como alcalde en 2023 es hoy destruido y deformado por él mismo, en beneficio propio y en evidente desprecio por la estética y el valor histórico de la arquitectura del autodenominado “distrito más tradicional” de Arequipa.
Resulta que el alcalde realizó modificaciones sustanciales en el techo de su vivienda —recalcamos, ubicada en Zona Monumental—, construyendo prácticamente un piso adicional con materiales modernos, como drywall, bajo el pretexto de generar sombra para su gimnasio personal y familiar.
El problema es que, para realizar cualquier modificación en viviendas ubicadas dentro de la Zona Monumental de Yanahuara, se requiere, como condición indispensable, la evaluación y aprobación del Ministerio de Cultura del Perú, a través de la Dirección Desconcentrada de Cultura (DDC) de Arequipa, dirigida por Harold Loli Rosales.
Un permiso que el alcalde y su esposa nunca consiguieron.
Por el contrario, como muestra de irresponsabilidad y desprecio, la esposa del alcalde solo envió una carta a la comuna de Yanahuara informando sobre las modificaciones que realizaría; ni siquiera solicitó una evaluación o autorización formal, sino que simplemente comunicó los trabajos que ya se ejecutarían.
Lo peor de todo ha sido la inoperatividad de las autoridades.
Primero, desde la Municipalidad de Yanahuara no se hizo nada, por razones evidentes: ¿cómo iban a fiscalizar y paralizar una obra en la vivienda de su propio alcalde?
Y segundo, lo más grave, es que, pese a que la DDC fue informada inmediatamente sobre lo que ocurría en la casa de Bolliger, no actuó con rapidez para paralizar la obra. Han pasado casi ocho meses y todavía continúan “analizando” posibles sanciones administrativas, las cuales incluso deberán ser remitidas a Lima, dilatando cualquier eventual sanción u orden de demolición contra la intervención realizada por Bolliger y su familia.
Esto evidencia, sin duda, lo que representa Bolliger para cualquier monumento histórico de la ciudad.
Ahora, ¿qué dirá? ¿Que su vivienda no forma parte de la Zona Monumental? ¿Que fueron obras menores que no alteran el inmueble ni afectan el paisaje monumental? Sus propios vecinos lo han denunciado, con el respaldo de un exregidor y una regidora, señor Bolliger. Tal vez esta vez tome conciencia y, al menos, repare el daño por cuenta propia; no espere a ser sancionado.
CITA
“Las modificaciones requerían autorización previa del Ministerio de Cultura.”
DATO
La Dirección Desconcentrada de Cultura lleva casi ocho meses evaluando posibles sanciones.
DATO
La vivienda intervenida se ubica dentro de la Zona Monumental de Yanahuara.









