La presencia de familiares en las listas electorales reaviva el debate sobre ética y democracia en el Perú. (Imagen referencial creada con IA)
Hoy en día, postular a un cargo de elección popular parece una pichanga de sábado: se reúne a la familia y a los amigos para formar el equipo o la lista electoral de candidatos. Gobernar en familia termina siendo como jugar en pared, acaparando el poder. La pregunta es: ¿con qué finalidad?
Las Elecciones Regionales y Municipales de 2026 han vuelto a poner sobre la mesa un fenómeno que preocupa cada vez más a la ciudadanía: la proliferación de postulaciones de clanes familiares, ya sea dentro de una misma lista electoral o en distintas listas de diversos municipios, con el aparente propósito de concentrar el poder. Hermanos, hijos, sobrinos, esposos, esposas y otros parientes integran nóminas de candidatos, despertando cuestionamientos sobre la verdadera finalidad de estas postulaciones.
En una pichanga de barrio todos conocen las reglas no escritas: el dueño de la pelota elige primero, llama a sus hermanos, invita a sus amigos y, cuando el partido empieza, la cancha parece inclinarse a su favor. La estrategia consiste en hacer paredes entre los mismos de siempre, monopolizar el juego político y dejar al resto de la población únicamente como espectadora de la gestión. Lamentablemente, esta escena parece haberse trasladado a la política peruana.
Aunque la legislación no prohíbe que familiares postulen juntos, la discusión trasciende lo estrictamente legal para ingresar al terreno de la ética pública. La política debería ser un espacio donde prevalezcan el mérito, la capacidad y la representación ciudadana, no un escenario donde los lazos de sangre parezcan convertirse en el principal requisito para acceder al poder.
Cuando una familia concentra varias candidaturas, inevitablemente surge una duda legítima: ¿se busca realmente representar a la población o asegurar que las principales decisiones permanezcan dentro de un mismo círculo de confianza?
Habría que recordarles a esos postulantes que un gobierno local o regional no es una empresa familiar ni una herencia que deba repartirse entre parientes. La función pública exige independencia de criterio, fiscalización mutua y pluralidad de opiniones, condiciones difíciles de garantizar cuando quienes toman las decisiones comparten la misma mesa familiar.
El problema se agrava cuando la ciudadanía observa que muchos partidos y movimientos regionales parecen privilegiar apellidos conocidos antes que abrir espacios a nuevos liderazgos. Esa práctica debilita la democracia interna, desalienta la participación de ciudadanos preparados y alimenta la percepción de que la política se ha convertido en un club cerrado donde siempre juegan los mismos.
Como en toda pichanga de barrio, cuando un solo equipo acapara la pelota, el partido pierde emoción, competitividad y justicia. En política sucede algo similar: cuando el poder se concentra entre familiares, disminuyen los contrapesos, aumentan las sospechas de corrupción y se erosiona la confianza de la población en sus autoridades.
Hoy, el desafío de los electores no consiste únicamente en elegir buenos candidatos, sino también en exigir organizaciones políticas que promuevan la transparencia, la renovación y una auténtica representación ciudadana, rompiendo esa barrera de postulaciones familiares que limita la renovación política en beneficio de la población.
El nuevo Congreso de la República y la nueva presidenta del país tienen en sus manos la posibilidad de promover reformas que enfrenten este fenómeno. La pelota está en su cancha. Falta ver quién toma la iniciativa y se pone la camiseta número 10 para presentar un proyecto de ley que regule o prohíba estas postulaciones de clanes familiares, si ese es el camino que finalmente se considera compatible con la Constitución.
El Perú necesita autoridades que lleguen para servir y no para construir pequeños feudos familiares. Porque cuando el interés principal deja de ser el bienestar colectivo y pasa a ser el beneficio de un reducido grupo de allegados, la política pierde su esencia y la democracia termina siendo la gran derrotada.
CITA
“Cuando el poder se concentra entre familiares, disminuyen los contrapesos y crecen las sospechas”.
DATO
La legislación peruana no prohíbe que familiares integren una misma lista de candidatos a cargos públicos.
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