El interno César Velásquez Montoya, condenado a 25 años de prisión, murió tras recibir impactos de bala dentro del penal de Juliaca. La Policía investiga el ingreso del arma de fuego y la presunta participación de otro recluso.
Un nuevo hecho de violencia al interior del sistema penitenciario encendió las alertas en la región Puno. El interno César Velásquez Montoya, conocido como “Chino Malaco”, fue asesinado a balazos dentro del establecimiento penitenciario de Juliaca, donde cumplía una condena de 25 años de prisión.
El crimen se registró la tarde del 4 de mayo en el patio del penal, en circunstancias que aún son materia de investigación. Según información preliminar, la víctima habría sido atacada con un arma de fuego por otro recluso identificado con el alias de “Oliver”.
Tras el hecho, peritos de criminalística, efectivos de la Policía Nacional y el fiscal de turno ingresaron al recinto para realizar el levantamiento del cadáver y recolectar evidencias que permitan esclarecer lo ocurrido. Las diligencias apuntan no solo a identificar al autor material del crimen, sino también a determinar si existió complicidad o negligencia por parte del personal del inpe.
Uno de los aspectos más críticos del caso es el ingreso del arma de fuego al interior del establecimiento penitenciario, situación que evidencia graves fallas en los controles de seguridad. Hasta el momento, el Instituto Nacional Penitenciario (INPE) no ha emitido un pronunciamiento oficial sobre lo sucedido, lo que ha incrementado las dudas sobre el manejo del recinto.
Perfil criminal
El caso adquiere mayor relevancia debido al perfil del fallecido. Velásquez Montoya era sindicado como cabecilla de la organización criminal “Los Plataneros”, una de las bandas más peligrosas de Trujillo, vinculada a delitos como extorsión, sicariato, tráfico de terrenos y lavado de activos. Según investigaciones policiales, asumió el liderazgo del grupo en 2008 tras la muerte de su fundador y consolidó su poder mediante redes delictivas y el control de obras de construcción civil.
A lo largo de su trayectoria criminal, se le atribuye la autoría intelectual de múltiples homicidios y el cobro de cupos a empresarios, utilizando incluso gremios como fachada para sus actividades ilícitas. Su captura en 2016 marcó el fin de años de persecución policial, aunque su influencia dentro del crimen organizado se habría mantenido desde prisión.
El asesinato de “Chino Malaco” no es un hecho aislado. Este crimen se suma a otros episodios recientes de violencia dentro del penal de Juliaca, como la muerte de un interno en marzo pasado, presuntamente torturado por otros reclusos, caso por el cual incluso un agente del INPE se encuentra bajo investigación.
Mientras avanzan las diligencias, las autoridades buscan esclarecer cómo se produjo el ataque y quiénes estarían involucrados directa o indirectamente. No se descarta que el crimen esté relacionado con disputas internas entre organizaciones delictivas o reconfiguración de liderazgos dentro del penal.
Dato
El penal de Juliaca tiene una capacidad aproximada para 420 internos, pero actualmente alberga más de 1,400 reclusos









