SinFiltro: El ruido de la informalidad que nadie quiere escuchar

El uso de megáfonos por conductores de microbuses y ómnibus en Arequipa genera contaminación sonora y evidencia la falta de control en el transporte público, donde muchos choferes conducen, cobran pasajes y anuncian rutas al mismo tiempo.

Megáfonos en buses generan ruido constante en calles del centro de Arequipa.

Por Karola Lara Manchego. Doctora en Comunicación y Desarrollo

En Arequipa hay un ruido constante que ya se volvió parte del paisaje urbano. No es el sonido natural del tránsito ni el bullicio propio de una ciudad activa. Es el ruido estridente de los megáfonos usados por los conductores de microbuses y ómnibus, que día tras día repiten destinos, rutas y llamados a pasajeros, invadiendo el espacio público sin ningún control.

Esta práctica fue autorizada durante la pandemia del COVID-19 como una medida temporal para facilitar la comunicación con los usuarios. En aquel momento podía entenderse como una excepción frente a una situación extraordinaria. Pero la pandemia terminó, las restricciones desaparecieron y la excepción se convirtió en regla.

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Hoy los megáfonos siguen operando con total normalidad, generando una contaminación auditiva permanente que afecta a vecinos, peatones y comerciantes. Las calles se han transformado en ambientes de ruido, donde cada vehículo compite por ser más estridente que el otro.

Pero el problema no es solo el ruido. Es también la peligrosa normalización del desorden en el transporte público.

En muchos casos, los conductores de estos vehículos realizan simultáneamente varias funciones: conducen, cobran pasajes y anuncian rutas por megáfono o a gritos. Esta práctica no solo es irregular; es abiertamente peligrosa. Conducir un vehículo que transporta personas exige atención plena, reflejos rápidos y responsabilidad permanente. Cuando el conductor divide su atención entre el volante, el dinero y el megáfono, la seguridad vial pasa a un segundo plano.

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Cada segundo de distracción en una vía urbana puede significar un accidente. Y, sin embargo, esta situación se repite todos los días ante la mirada indiferente de las autoridades.

La pregunta es inevitable: ¿dónde están las autoridades encargadas de regular el transporte y proteger el orden urbano?

El control del tránsito, la fiscalización del transporte público y la regulación del ruido ambiental no son asuntos menores. Son responsabilidades básicas de los gobiernos locales. Sin embargo, la ausencia de fiscalización ha permitido que esta práctica continúe extendiéndose sin límites ni sanciones.

Arequipa no puede aspirar a ser una ciudad moderna mientras tolere un sistema de transporte donde los conductores trabajan en condiciones que fomentan la distracción, el desorden y el riesgo. Tampoco puede hablarse de calidad de vida cuando el espacio público está saturado por altavoces que nadie regula.

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El silencio también es un derecho urbano: un derecho que protege la salud, el bienestar y la convivencia en la ciudad.

Si las autoridades no actúan para poner orden, el mensaje que se envía es claro: la informalidad puede hacer ruido todo el tiempo… y nadie está dispuesto a detenerla.

CITA

“El silencio también es un derecho urbano que protege la salud y la convivencia”.

DATO

Conductores de transporte público realizan hasta tres funciones mientras manejan.

DATO

El uso de megáfonos fue autorizado durante la pandemia del COVID-19.

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