En la cédula de votación de abril, seis casilleros correspondían a diputados por Arequipa. Miles marcaron una cara sin saber bien qué haría esa persona sentada en Lima durante los siguientes cinco años. Aclaremos qué funciones tendrá:
Un diputado, según la nueva Constitución bicameral, representa a una región específica y es elegido por circunscripción electoral. Para postular hay que haber nacido peruano, tener al menos 25 años cumplidos y estar habilitado para votar. Nada exótico. Su trabajo principal es presentar proyectos de ley: la Cámara de Diputados es donde nacen las iniciativas, se debaten y se aprueban antes de pasar al Senado para una revisión más técnica.
También le corresponde fiscalizar al Poder Ejecutivo. Es decir, citar a ministros para que expliquen sus decisiones, votar interpelaciones y hasta promover mociones de censura si la gestión lo amerita. Y debe representar los intereses de su región, no solo los de Lima.
Lo que no debe hacer es igual de importante. No debe convertir su despacho en una agencia de empleo para parientes sin experiencia. No debe cobrar el sueldo completo mientras falta a las comisiones o al pleno. No debe usar vehículos ni viáticos para asuntos personales. No debe utilizar su curul como plataforma exclusiva para la próxima campaña, olvidando la actual. Y menos aún debe exigir a su personal de confianza una parte de su sueldo a cambio de mantenerlo contratado, la práctica que el Perú ya conoce con nombre propio: mochasueldo.
Pensemos en un ejemplo concreto para Arequipa. El robo en el transporte público es hoy la modalidad delictiva más frecuente en la región, según la última encuesta de victimización de la Universidad Católica San Pablo. Un diputado arequipeño podría presentar un proyecto que destine presupuesto a cámaras de seguridad y GPS en unidades de transporte, o interpelar al ministro del Interior para exigir resultados concretos para la región, no solo estadísticas nacionales genéricas.
Esa es la diferencia entre un diputado que legisla para su región y uno que solo calienta un asiento en el hemiciclo.
Un diputado no es, entonces, un empleado con sueldo garantizado que solo debe levantar la mano cuando su bancada lo indica. No es un cargo hereditario ni un negocio familiar. No es, como demostraron varios congresistas anteriores investigados por mochasueldos y otras prácticas cuestionables, una oportunidad de enriquecimiento personal disfrazada de servicio público.
Es, en teoría, un representante. En la práctica, dependerá de si usted decide exigirle que lo sea cada vez que corresponda fiscalizar a los fiscalizadores arequipeños. Usted decide.
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