
Keiko Fujimori expuso ante la Asamblea General de la ONU sus planteamientos sobre seguridad y modelo económico peruano.
Por: Carlos Vásquez Gonzáles. Periodista
Keiko Fujimori llegó por primera vez a la Asamblea General de las Naciones Unidas con un discurso de orden, seguridad y defensa del modelo económico. Habló de crimen organizado, narcotráfico, minería ilegal y extorsión, y calificó a estas organizaciones como “terroristas” y “enemigos del Estado”. También reivindicó una cifra contundente: el PBI real se habría triplicado y las exportaciones se multiplicaron por 15 en las últimas tres décadas. Pero la pregunta incómoda es: ¿qué parte de ese crecimiento llega realmente al ciudadano? Aquí omite que el sistema ha abortado en la mayoría de sectores rurales.
Porque detrás de las cifras macroeconómicas existe otro Perú. Más del 70 % de la población económicamente activa (PEA) trabaja en la informalidad, según el dato consignado en el material de referencia. Es decir, millones de peruanos continúan fuera de empleos formales y de una protección laboral plena. El crecimiento económico puede exhibir números extraordinarios, pero no basta con repetirlos si no se explica por qué durante décadas no lograron cerrar las brechas en salud, educación, infraestructura y servicios públicos. El sistema requiere ajustes.
La seguridad fue otro de los ejes del mensaje. Fujimori planteó una ofensiva contra el crimen organizado y respaldó la participación de las Fuerzas Armadas en apoyo de la Policía. Sin embargo, un discurso internacional también exige hablar de las reglas que deben acompañar al uso de la fuerza. En su intervención, según los datos proporcionados, cuestionó los procesos contra militares y policías vinculados a la lucha contra el terrorismo, pero dejó en segundo plano las investigaciones por graves violaciones de derechos humanos y los estándares internacionales que el Estado peruano debe respetar.
También llamó la atención lo que quedó fuera del escenario. Ni la Amazonía, ni los defensores ambientales, ni la crisis climática ocupó un lugar relevante en el mensaje, pese a que son asuntos centrales de la agenda internacional. Tampoco hubo mayor desarrollo sobre la crisis institucional y los casos de corrupción que han deteriorado la confianza en las instituciones peruanas.
En la ONU, donde están representados 193 Estados miembros, el Perú no necesitaba solamente un discurso de fortaleza. Necesitaba mostrar sus cifras, pero también sus contradicciones, sobre todo en lo social, la desigualdad y una pobreza galopante en un amplísimo sector de la población que no ha gozado los crecimientos en números que muestra el sistema.
Hablar de un PBI que se triplicó y de exportaciones que crecieron 15 veces resulta atractivo; explicar por qué más de siete de cada diez trabajadores permanecen en la informalidad es mucho más incómodo. Y precisamente ahí estaba la oportunidad de contarle al mundo el Perú completo: el de las cifras que celebramos y el de las brechas que todavía no conseguimos cerrar.
CITA
“El Perú no necesitaba solamente un discurso de fortaleza. Necesitaba mostrar sus cifras, pero también sus contradicciones”
DATO
Más del 70 % de la PEA peruana trabaja en la informalidad, según el material de referencia.








