
Critican a Fujimori por designación de cuestionado Mauricio Arnillas.
Mauricio Arnillas llegó al Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento (MVCS) con una pesada colección de insultos públicos. Sus mensajes no reflejaron firmeza ideológica ni debate político: exhibieron desprecio por quien discrepaba, acusaciones sin pruebas y una vulgaridad que hoy compromete la autoridad del despacho que dirige.
Al fiscal José Domingo Pérez lo llamó “un completo HDP” y “un zurdo de mierda acomplejado”. No cuestionó una resolución ni planteó una crítica jurídica; degradó al funcionario mediante el agravio personal. Esa reacción retrató a un dirigente incapaz de separar la fiscalización pública del odio hacia quien investigaba a su organización política.
Arnillas aplicó el mismo vocabulario contra la izquierda, a cuyos integrantes llamó “basura emerretista”, “enfermos” y “caca roja”. La reiteración descartó la posibilidad de un exabrupto aislado: fue un patrón de comunicación que convirtió ideas políticas distintas en patologías, residuos o amenazas vinculadas con el terrorismo.
Fuera de las redes, calificó de “inadaptados” a ciudadanos que rechazaban actividades de Fuerza Popular en Puno y describió esa oposición como “medio terrorista”. El ahora ministro no vio ciudadanos ejerciendo su derecho a protestar; vio sujetos que podían ser degradados, estigmatizados y colocados bajo sospecha por disentir.
Su primera respuesta tras asumir el cargo fue desactivar su cuenta de X. Borró el escaparate, pero no el retrato: intolerante con la crítica, agresivo con el adversario e irresponsable al formular acusaciones. Keiko Fujimori conocía o debió conocer ese comportamiento; al nombrarlo, elevó el insulto desde las redes hasta el gabinete y convirtió la grosería partidaria en credencial de poder.
Dato
Su desprecio alcanzó al periodista Jaime Bayly. En una publicación sostuvo que “no merece vivir” en Estados Unidos por ser “un zurdo de mierda”.






