La Pontezuela: Corredor mortal

La carretera Arequipa–Juliaca enfrenta una crisis marcada por accidentes constantes, exceso de velocidad y deterioro vial. Sergio Mostajo advierte que la ruta se ha convertido en un “corredor mortal” debido al tránsito pesado, la imprudencia de conductores y la falta de control policial, factores que continúan dejando decenas de víctimas cada año.

El tránsito pesado y el mal estado de la vía agravan el riesgo en la ruta Arequipa–Juliaca.

Por Sergio E. Mostajo C. Periodista

La carretera Arequipa–Juliaca tiene una extensión de 269 kilómetros. Recorrerla toma casi cinco horas, un tiempo excesivo para esa distancia, aunque hay conductores de minivanes y vehículos particulares que realizan la ruta en apenas tres horas, pero a costa de sus vidas y de las de quienes transportan.

Se trata de una vía sumamente importante. Es transitada por miles de personas que viajan desde Arequipa hacia Juliaca, Puno y Bolivia; así como también hacia Cusco, Puerto Maldonado y Brasil. Además, soporta el tránsito constante de vehículos pesados, buses, minivanes y automóviles particulares. A ello se suma el flujo de cientos de camiones que transportan mineral desde los yacimientos mineros hacia los puertos marítimos y retornan cargados con insumos y combustibles.

Hasta aquí todo parece normal. Sin embargo, en la práctica, esta carretera se ha convertido en un verdadero corredor mortal debido a la gran cantidad de accidentes de tránsito y sus consecuencias de muerte y dolor. La División de Prevención e Investigación de Accidentes de la Dirección de Tránsito de la Policía Nacional del Perú reporta que Juliaca registra la mayor cantidad de accidentes después de Lima. Hasta el 3 de mayo, la ciudad contabilizaba 96 muertes a consecuencia de 74 accidentes. Arequipa le sigue con 85 fallecidos en 64 accidentes. Si bien no todos estos siniestros ocurrieron en esta vía, sí la mayoría.

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Hace unos días transité por esta carretera y conducir allí representa un verdadero reto. Desde el tramo Arequipa–Patahuasi hay que armarse de paciencia. Uno se encuentra con enormes convoyes de camiones que avanzan a apenas 30 kilómetros por hora y circulan tan pegados entre sí que parecen un tren de ocho o diez vagones. Sobrepasarlos resulta casi imposible debido a lo accidentado de la ruta y a la gran cantidad de vehículos que transitan en sentido contrario.

El tramo Patahuasi–Imata representa otro gran obstáculo. A lo ya mencionado se suma el pésimo estado de la carretera. Allí prácticamente ya no existe asfalto: es una tortuosa trocha llena de huecos, grietas, cascajo y polvo, con intenso tránsito de camiones que transportan mineral. Sin temor a equivocarme, entre las 9 y 10 de la mañana debí cruzarme o sobrepasar cerca de 300 vehículos pesados. Y es allí donde uno se pregunta: ¿para qué pagamos peajes?

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Por distintos motivos hago uso de esta carretera desde hace años. Recuerdo que antes los conductores de camiones y buses eran mucho más considerados con quienes iban detrás. Utilizaban sus luces direccionales para indicar cuándo era seguro sobrepasarlos o se ladeaban lo más posible para permitir el paso de otros vehículos. Hoy eso prácticamente ha desaparecido. Por el contrario, si uno intenta adelantarlos, muchos aceleran; y si viene otro camión en sentido contrario, no disminuyen la velocidad ni permiten el reingreso al carril. ¿Cómo puede llamarse a ese comportamiento? Sin rodeos: es un acto criminal. Y de esos abundan.

A estas causas de accidentes se suman otras: el exceso de velocidad, el incumplimiento del reglamento de tránsito, la imprudencia, la negligencia —como conducir en estado de ebriedad—, las malas condiciones climáticas, como nevadas, lluvias intensas o neblina, e incluso un factor que parece menor, pero no lo es: la gran cantidad de reductores de velocidad instalados sin señalización adecuada.

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Finalmente, también preocupa la inacción y ausencia policial. En todo el trayecto, la presencia de efectivos solo se observa en zonas urbanas.

Como pueden concluir, mientras estos problemas no sean resueltos, seguiremos reportando accidentes y lamentando más muertes.

CITA

“Mientras no se resuelvan estos problemas, seguirán ocurriendo más tragedias.”

CIFRA

269 kilómetros de extensión tiene la carretera Arequipa–Juliaca.

DATO

El tramo Patahuasi–Imata presenta severos daños y alto tránsito de camiones mineros.

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