
Keiko Fujimori dio lectura a un discurso centralista y olvidó al sur.
Apenas juró como presidenta de la República, Keiko Fujimori supo lo que es recibir un país fracturado. Antes de iniciar su mensaje a la Nación, un grupo de congresistas de Juntos por el Perú se puso de pie y abandonó el hemiciclo, exigiendo justicia para los fallecidos durante el régimen de Dina Boluarte. Esto ocurrió frente a decenas de jefes de Estado, delegaciones diplomáticas y el propio Rey Felipe VI de España, que presenciaban la toma de mando.
En las calles de Lima se registraron protestas simultáneas. Además, los legisladores de Ahora Nación optaron por un gesto más silencioso, pero igual de contundente: portar un listón negro en señal de duelo por las víctimas de las protestas de 2022-2023. Fue un escenario mezclado entre aplausos protocolares y reclamos de justicia. El mensaje a la Nación tampoco fue alentador.


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El discurso de Fujimori inició con un diagnóstico sombrío del país recibido: corrupción, ineficiencia del gasto público, extorsión, desigualdad y desnutrición infantil. En cuanto a seguridad ciudadana, anunció la participación temporal de las Fuerzas Armadas en zonas de crimen organizado, minería ilegal y narcotráfico, además de modernización tecnológica de la Policía Nacional del Perú.
También se enfocó en el fenómeno El Niño, con un plan de descolmatación de ríos, defensas ribereñas y asistencia a agricultores afectados. Además, incluyó los programas sociales, con la reactivación del PRONAA, la duplicación de Pensión 65, de S/ 350 a S/ 700 bimestrales. Prometió el aumento del sueldo mínimo a S/ 1,300, acompañado de un bono compensatorio para las micro y pequeñas empresas.
Para el analista político Gonzalo Banda, el primer mensaje de Fujimori fue «bastante breve y escueto». Cuestionó que la presidenta haya “renunciado a proponer una visión del país». En sus palabras, se trató de un regreso al populismo de derecha, con anuncios económicos gruesos difíciles de cumplir.
En la misma línea, el analista José Luis Ramos Salinas cuestionó el tono escueto del mensaje. «Se anunciaron nuevos programas sociales, aumento del sueldo mínimo, respeto a los derechos laborales, pero eso no es muy lógico con las ideas del fujimorismo (…) fue un discurso populista de centro izquierda y poco difícil de creer”, analizó Ramos Salinas

El sur para el olvido
Fue en ese contexto de anuncios donde el sur del país prácticamente desapareció del discurso. Arequipa, la segunda ciudad más importante del Perú, mereció una sola mención en los 45 minutos: la promesa de impulsar un sistema de metro, agrupada junto a Piura y Trujillo, como complemento a la ampliación del metro de Lima y Callao.
Nada más. Ninguna palabra sobre el destrabe de Majes Siguas II, el proyecto de irrigación que arrastra años de parálisis y que fue promesa de campaña. Ninguna mención al Puerto Corío, presentado por sectores empresariales y políticos arequipeños como la gran apuesta logística del sur para conectar con Asia. Tampoco hubo referencia a la modernización de los canales de riego de Majes I, ni a obras de infraestructura hospitalaria como el Hospital Goyeneche, ni a un plan específico de saneamiento o vías para la región.
El vacío no pasó inadvertido entre los propios representantes de la región. El consejero regional Osias Ortiz Ibáñez, presidente de la Comisión de Infraestructura del Consejo Regional de Arequipa, expresó que la región «se siente olvidada». Y es que se esperaban anuncios concretos sobre proyectos de gran impacto para el sur del país que actualmente permanecen paralizados.
Peor aún, en el escueto discurso no hubo una sola mención a Puno, escenario de las protestas más violentas y de mayor número de fallecidos durante el gobierno de Boluarte. Tampoco se nombró a Cusco, Tacna, Moquegua ni Madre de Dios, regiones que concentran, cada una a su manera, agendas pendientes en minería, agricultura, infraestructura fronteriza o conectividad amazónica.
«Solo ha pensado en Lima y el Callao. Si bien los programas sociales anunciados tienen alcance nacional, no ha habido una particularidad con respecto a prioridad de problemas de otras regiones», agregó Ramos Salinas.

Gobierno indolente
Aunque se trataba del primer mensaje presidencial de Fujimori luego de una crisis social que dejó más de medio centenar de muertos en el sur, el nuevo Gobierno se mostró indolente. No hubo un gesto simbólico de reconciliación o una mención directa a las víctimas o a sus deudos.
“Incurrir en una absoluta omisión sobre los asesinatos ocurridos durante el régimen de Dina Boluarte, las investigaciones por corrupción, el comportamiento del Congreso, demuestra que la mandataria no busca reconciliar el país”, advirtió Ramos Salinas.
En contraste, el senador por Arequipa, Nilson Flores Suárez, señaló que no era necesario que la presidenta se refiriera a las víctimas de las protestas del sur, en la medida en que se trataba de un mensaje a la Nación y no de un espacio para ese tipo de pronunciamientos. Sin embargo, incluso desde esa posición más moderada, reconoció que faltaron anuncios concretos para el sur del país y que hubo vacíos evidentes durante la alocución presidencial.
Evidencia.pe buscó la opinión de todos los congresistas por Arequipa, pero no respondieron las llamadas. Así inició un gobierno que prometió mirar la realidad de frente, sin anestesia, sin maquillaje, pero que esquivó cuando le tocó hablar del sur del Perú.
Cifra:
S/ 1,300 será el nuevo sueldo mínimo vital durante el régimen Fujimori.
Dato:
Puno, Cusco, Madre de Dios, Tacna y Moquegua no recibieron ni las gracias durante el mensaje a la Nación.






