julio 11, 2026
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Jose Alvear Corimanya ha escrito mas de 100 obras literarias en Arequipa

A sus 72 años, José Alvear sigue escribiendo tres páginas al alba, consciente de que la memoria es finita, pero las páginas son eternas. Entre sus múltiples tareas para continuar vendiendo sus libros, también persiste en narrar las heridas sociales y políticas de Arequipa, contra la inmediatez y el olvido.

Mientras los años pasan, la sociedad continúa desarrollándose cada vez más cerca de la tecnología. Ese crecimiento, aunque bueno, parece alejarnos de aquella Arequipa, cuna de escritores. Y aunque sea una ciudad cultural importante, la vorágine del día a día hace que sus raíces se traspapelen; no obstante, todavía hay quienes resisten y siguen escribiendo. Como vivo ejemplo tenemos a José Antonio Alvear Corimanya. 

A sus 72 años, con el cuerpo marcado por una cadera que traicionó sus años de fondista, don José escribe al alba. Tres horas mínimas. Tres páginas diarias. Noventa páginas al mes. Un nuevo libro nuevo cada treinta días. Y mientras el mundo se desplaza hacia la inmediatez y los libros se convierten en objetos de museo, este arequipeño de pelo blanco y mirada persistente lleva 47 años escribiendo. 

Como casi todos los que sufrimos y gozamos de este “negocio”, José escribió sus primeras líneas para una niña de colegio. A sus 12 años se enamoró de una compañera de la escuela que se encontraba frente a la suyo. Aunque ese enamoramiento escolar fue pasajero, dejó algo permanente: sus poemas. Fue el profesor Evelio Rodríguez, de su colegio Jorge Polar, quien le abrió la puerta al mundo literario. “Llegaba al salón con su grabadora, ponía a César Vallejo y a Rubén Darío, y declamaba”.  Pero la poesía romántica —79 libros lleva escritos— no se vende. Por eso su pluma viró hacia la narrativa. 

Una gran decisión

En 1979, recién egresado de la carrera de Sociología y sin trabajo, José Antonio tomó una decisión que marcaría su vida: «Voy a vivir de la literatura». Su primer intentó quedó registrado en el terrapuerto de la ciudad. Con su maletín bajo el brazo, iba de asiento en asiento, repitiendo su discurso, al catorceavo día, el personal de seguridad del terminal lo invitó a retirarse amablemente. Tras ese corto periodo llegó a la ciudad de Ilo, donde comenzó a vender su material en las combis.

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Con todas las rutas recorridas de los ileños, vuelve a la Ciudad Blanca. Así comenzó una odisea de 35 años: tres generaciones de pasajeros lo vieron subir y bajar de buses. Cientos de miles de kilómetros recorridos sobre asfalto, con el maletín lleno de libros cada uno a tan solo 3 soles. 

Don José comenzó a vender pequeños libros en buses y combis de Arequipa

Pero ese recorrido no duraría siempre, hace 6 años el cuerpo lo traicionó, un dolor en la ingle, que aumentó con el tiempo, lo dejó sin poder caminar. Las radiografías revelaron un problema difícil de digerir, su cadera estaba desplazada y sus fémures ya no estaban en su lugar. Lo operaron, sin embargo, la movilidad ya no sería la misma, lo que sí se mantuvo en su sitio fue la escritura.

De toda su colección, El Gallinazo Pancho es el libro que más recuerda. Sus páginas reflejan las adversidades de la ciudad mistiana y envuelven al personaje principal -Pancho- en una serie de aventuras. «Lo que yo hago en muchas obras es implícitamente hacer política, esa complicidad ya está en la capacidad del lector», relata el septuagenario. La segunda parte estará lista, si el tiempo lo permite.  

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Con todas sus vivencias a cuestas, las ideas y memorias abundan. Por eso escribe de madrugada, de 3 a 6 de la madrugada. Durante el día, las tareas domésticas lo absorben: empastar los libros, recoger las copias, llevar a guillotinar. Ahora su meta es compilar las obras que no se vendieron en su etapa de colectivero, pero -admite- esa parte de la creatividad no es solo suya. Las historias que escribe, muchas veces, son relatos de arequipeños que ha escuchado. 

Así nació Mónica. «Subo al carro y me dicen: ‘amigo, ¿no tiene Mónica?’. Subo al otro carro: ‘¿Tiene Mónica?'». La insistencia de los pasajeros lo llevó a investigar. ¿Quién era Mónica? ¿Por qué todos la buscaban? Investigó y comenzó la redacción. La historia ya contada se mezcla con una relación que tuvo en la universidad. “Está su nombre, las aventuras, lo que viví con ella, en un momento la convierto en mi condenada”. Para Alvear en la literatura los chanchos vuelan, el problema está en la narrativa para que ese chancho volador tenga belleza literaria. 

Escribir por vocación

José Antonio no escribe para ganar concursos, sino por vocación, aunque la insistencia de sus amigos lo llevó a presentar obras como Trampas de amor y La piedra de la bruja, con las que obtuvo premios nacionales. Su formación, forjada en su juventud con las Tradiciones de Ricardo Palma, lo convirtió en un autor que publica lo que escribe para sí mismo. Prefirió la narrativa sobre la poesía porque la cruda realidad y los temas coyunturales siempre lo desbordaban, obligándolo a dejar constancia del tiempo que ha vivido.

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El ultimó libro escrito por Alvear es «Quién toca la puerta»

Más allá de los reconocimientos formales, como la medalla de Personaje del Bicentenario que le entregó la municipalidad provincial en 2021, su verdadero legado es haber construido un mapa literario de Arequipa. Sus obras retratan la identidad de la ciudad, desde las heridas sociales y políticas hasta sus propias autobiografías, funcionando como cápsulas del tiempo y actos de resistencia. Aunque nunca pidió homenajes, guarda un proyecto póstumo bajo secreto, una «sorpresa» literaria que revelará cuando ya no esté más con ello buscará consolidar la herencia que dejará a sus hijos y nietos.

Hoy, a sus 72 años y con el cuerpo fragilizado, vive una urgente carrera contra el tiempo y el miedo. Con la disciplina de quien escribe de madrugada para no perder las ideas que lo asaltan, el último vendedor de palabras sigue en su puesto desde su silla de ruedas. Mientras el mundo abandona la lectura, él sigue plasmando la historia de su ciudad con la terquedad de quien sabe que la memoria es finita, pero las hojas, sus libros y su legado quedarán escritos para siempre.

Dato

De lunes a viernes desde las 2 hasta las 5 de la tarde, José Alvear se encuentra en la plaza 15 de Agosto.


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