
Por: Diego Jalsovec Rendon
Concluidas las Elecciones Regionales y Municipales del pasado 4 de octubre, el mapa político de Arequipa comienza a reconfigurarse. Mientras en el ámbito provincial y distrital se alistan los procesos de transición de autoridades, la gobernación regional se encamina hacia una inminente segunda vuelta electoral. Como ocurre habitualmente en estos contextos de balotaje, el debate público amenaza con prolongarse semanas entre alianzas estratégicas, acusaciones cruzadas y promesas de campaña. Sin embargo, para la micro y pequeña empresa (Mype) que sostiene la economía real de la región, la postura debe ser clara y pragmática: el ruido político no puede poner en pausa la actividad productiva.
La caja chica de una empresa no entiende de calendarios electorales. El alquiler del local, la planilla de colaboradores, las obligaciones tributarias y los compromisos con proveedores de materia prima no se congelan a la espera del resultado de las urnas. Entrar en un estado de letargo o postergar decisiones comerciales clave aguardando a ver quién asume la gestión regional a partir de 2027 es un lujo que ningún pequeño o mediano negocio se puede dar a estas alturas del año.
Estamos cruzando el ecuador de octubre y encaramos la recta final del año. El último trimestre representa para la gran mayoría de sectores —desde la agroindustria y la destilación hasta la manufactura, el comercio y los servicios— el periodo donde se juega la rentabilidad de todo el ejercicio anual. Quienes triunfan en la campaña de fin de año no son los que especulan con la coyuntura política, sino los que ejecutan con rigor su planificación operativa.
Pasar la página implica concentrar los esfuerzos en lo que sí está bajo nuestro control directo: afinar los canales de distribución hacia el resto del macro sur, asegurar los inventarios con tiempo antes de que la logística se encarezca, optimizar los tiempos de entrega y mantener un control estricto de la cobranza para garantizar liquidez en diciembre. El verdadero motor que impulsa el desarrollo de Arequipa no se enciende en los mítines políticos, sino en la disciplina diaria de sus talleres, comercios e industrias.
La política tiene sus tiempos y dinámicas, pero la economía real se mueve al ritmo de la oferta, la demanda y el trabajo bien hecho. Las autoridades pasan, pero las empresas que generan empleo y valor permanecen.
En las próximas semanas de incertidumbre preelectoral, la mejor estrategia para el empresariado arequipeño es el enfoque operativo absoluto. Dejemos que la política resuelva sus disputas en el balotaje, mientras nosotros nos concentramos en lo que mejor sabemos hacer: producir con excelencia, atender al cliente y construir prosperidad para nuestras familias y nuestra tierra.
Cita
Pasar la página implica concentrar los esfuerzos en lo que sí está bajo nuestro control directo: afinar los canales de distribución hacia el resto del macro sur, asegurar los inventarios con tiempo.







