julio 8, 2026
padre livori

Han pasado más de 4 meses y familias como la de Elizabeth y Jimbler, no recibieron ayuda estatal.

El padre Víctor Livori, un maltés que ya se considera arequipeño, acogió en la parroquia de San Pablo, en alto Cayma, a una de las familias perjudicadas por las pasadas lluvias de febrero. Ahora se ha empeñado en recaudar fondos para los esposos Jimbler y Elizabeth, luego de que su casa quedara inhabitable.

Las lluvias pasadas que azotaron diferentes zonas de Arequipa mostraron cómo, ante diversas situaciones, entre nosotros nos podemos ayudar. Diversos colectivos, grupos sociales y voluntarios se sumaron a brindar ayuda en aquellos lugares más afectados. Al menos así lo registraron diversas imágenes que circularon por redes sociales y medios de comunicación. Sin embargo, donde el lente no enfocó, un poco más arriba, en las quebradas altas de Cayma, algunas personas se quedaron sin apoyo, sin bono, sin respuesta… salvo la discreta presencia de un cura.

El domingo 22 de febrero, el agua llegó arrasándolo todo, rompiendo con los últimos años de poca lluvia en la ciudad. Esa misma noche, Elizabeth Otazu Achaco y su esposo Jimbler Llacho Ccama perdieron su vivienda, ubicada en el Comité 19 de Buenos Aires, Cayma. Sus hijos, estudiantes de secundaria, vieron cómo parte de su casa se iba con el agua, cómo entre el lodo se perdía su hogar, Ante los acontecimientos, no tuvieron otra opción que buscar refugio en la parroquia San Pablo, a cargo del padre Víctor Livori, quien llegó a la zona por el llamado de los vecinos.

Una serie de estragos causó la lluvia en alto Cayma

Aquella noche quedó marcada en la memoria del sacerdote. Livori recuerda que un periodista le preguntó ‘cómo veía esa situación’, mientras él intentaba ayudar a las familias que salían como hormigas.

«Les pregunté qué necesitaban y me dijeron: ‘padre, necesitamos desayuno, porque no tenemos dónde prepararlo, no hay agua, no hay nada'», ahora recuerda.

Yo le dije al periodista: «Este es Cristo que realmente está con hambre, está sin casa, está desnudo. Necesitamos movernos. No podemos quedarnos indiferentes».

Víctor Livori, sacerdote de la iglesia San Pablo de Buenos Aires, a pesar de sus 70 años cumplidos hace una semana, en toda su vida no había visto un desplazamiento de lodo de tal magnitud. Sin más opciones, abrió las puertas del templo para acoger a la familia. Así, por más de cuatro meses, los afectados lograron tener un apoyo que les permitiera dar un suspiro.

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Arequipeño de corazón

El sacerdote de la iglesia de Buenos Aires, nació en Malta, una pequeña isla al sur de Italia de apenas 316 kilómetros cuadrados. Él es el séptimo hijo, el menor de 7 hermanos, nacido en 1956 en esa isla mediterránea. En 1990, a los 34 años, llegó al Perú enviado como misionero de la Sociedad Misionera de San Pablo, fundada en Malta por San José de Piro el 30 de junio de 1910, una congregación que este año cumple 116 años. Llegó en los últimos meses del primer gobierno de Alan García, cuando la inflación hacía estragos. «Salíamos a comprar con un sol diez panes y al día siguiente con un sol compramos tres panes, y al día siguiente un pan. Ya me peruanicé», afirma.

El padre Victor Livori va más de 30 años en Perú

Su primera misión fue en Chuquibamba, una jurisdicción que es 28 veces más grande que todo su país natal. Vivió los primeros 33 años en Malta, pero lleva 36 en el Perú. «Estoy más tiempo en Perú que en Malta», dice. «Soy maltés de nacimiento, pero arequipeño de corazón». Estuvo 10 años como asociado provincial de su congregación, luego 12 años en la Dirección Nacional de Obras Misionales Pontificias, conociendo el Perú a lo largo y ancho. Conoce el dolor de su gente porque ha caminado con ellos por décadas.

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La parroquia San Pablo de Buenos Aires no siempre fue parroquia. Hasta el 6 de febrero de 2001 era considerada una capilla. Fue el padre Víctor quien hizo el pedido para elevarla a parroquia y él se convirtió en su primer párroco. En otras palabras, él la fundó. A pesar de eso, el templo no deja de ser una iglesia y, aunque pueda ayudar a diversos afectados, su misión no es de vivienda.

Familias olvidadas

Elizabeth Otazu, madre de los pequeños, es el único sustento del hogar. Su esposo Jimbler Llacho no puede trabajar por un accidente laboral que dejó en malas condiciones su cintura. Ambos son padres de dos niños que aún no terminaron el colegio, pero que a pesar de todo siguen avanzando con la esperanza de algún día entrar a la universidad.

Luego de la lluvia que todo lo arrasó, el presidente José María Balcázar llegó hasta la zona del desastre en Cayma, aunque según denuncian los afectados «solo vino para la foto». Así lo comprobó esta familia, pues a pesar de intentar acceder al bono de vivienda que entrega el Estado, no han recibido nada. «Hemos intervenido ante el municipio, pero a esta familia no se lo dieron. No sé la razón, pero no se lo dio», mencionó el sacerdote.

No obstante, Elizabeth y Jimbler no son los únicos. Unos metros más abajo, en la misma quebrada donde el lodo causó estragos, vive Virginia Vilca, cuya casa quedó con parte de su estructura en el aire, sostenida precariamente después de que el agua se llevara parte de los cimientos del terreno. Tampoco recibió el bono. Al igual que ella, deben haber más casos, más familias que por diversas situaciones no pudieron acceder a la ayuda estatal, que quedaron invisibilizadas porque sus casas están más arriba, donde las cámaras no llegaron, donde el asfalto de la ciudad termina y empieza la tierra, las quebradas y el olvido.

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Parte del medidor de agua de Virginia Vilca, esta en el aire

Mientras en las urbanizaciones de la parte baja de Cayma y otros distritos la ayuda llegaba con rapidez, con fotos oficiales, con bonos entregados, en las zonas altas de Cayma las familias tuvieron que conformarse con la solidaridad de algunos. Es por ello que, con el esfuerzo de una madre que solo quiere tener lo mejor para sus hijos, Elizabeth logró obtener un terreno a la salida de cono norte, para comenzar de nuevo, pero aun teniendo las mejores intenciones, eso no alcanza para construir una casa.

Lo que se quiere ahora es construir el cimiento inicial y dejar construido un primer cuarto con un baño, para que puedan empezar a vivir allí. Después, poco a poco, ir construyendo el resto. La parroquia está recibiendo bolsas de cemento, varillas de fierro, ladrillos, entre otros implementos. Las personas que deseen ayudar a la familia de Elizabeth y Jimbler pueden llegar a la iglesia o contactarse a las redes sociales de la parroquia San Pablo Apóstol de Buenos Aires, Cayma.

Dato

Días atrás, el propio padre Víctor Livori hizo un llamado a la ciudadanía en Arequipa para colaborar con materiales de construcción para los afectados: «Necesitamos que nos puedan apoyar con cemento, ladrillos, mano de obra».

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