Tras las elecciones, las mypes plantean una agenda clara al nuevo gobierno: reducir la burocracia, mejorar la infraestructura y garantizar estabilidad. El sector exige condiciones reales para crecer y dejar atrás un sistema que frena su desarrollo.
Diego Jalsovec Rendon, Gerente general Arequipa Distillery Company
Pasado el fragor de las urnas y con los resultados que perfilan el próximo quinquenio, el Perú entra en una etapa de definiciones. Para el sector político, es tiempo de alianzas; para los emprendedores de Arequipa y de todo el país, es tiempo de poner sobre la mesa la agenda real. Independientemente del nombre de quien ocupe la presidencia, el mandato de las micro y pequeñas empresas (mypes) es claro: necesitamos un entorno que nos permita trabajar, crecer y competir sin el freno de mano puesto por el propio Estado.
El nuevo gobierno debe entender que la mype no es una “ayuda social”, sino el engranaje que sostiene el tejido empresarial peruano. Por ello, nuestra demanda no es por subsidios temporales, sino por reformas estructurales en tres frentes críticos:
1. Infraestructura de servicios: el soporte de la productividad
La competitividad de una empresa no solo depende de sus máquinas, sino de su entorno. El nuevo gobernante debe priorizar una infraestructura integral que vaya más allá del cemento. Necesitamos seguridad energética y logística para mover nuestros productos, pero también servicios básicos de calidad. La salud, la educación y el saneamiento no son solo derechos sociales; son activos económicos. Una fuerza laboral que goza de bienestar y formación es la base de cualquier emprendimiento sostenible. Un Estado que falla en salud o educación le está trasladando, indirectamente, un sobrecosto de inestabilidad y baja productividad a la pequeña empresa.
2. De la persecución a la promoción formal
El sistema actual parece diseñado para castigar a quien intenta cumplir las reglas. Necesitamos una reforma administrativa que actúe como una escalera y no como un muro. El próximo gobierno debe transformar a instituciones como la SUNAT y las instancias municipales en aliados del crecimiento, eliminando la burocracia asfixiante y las multas arbitrarias que solo incentivan la informalidad. Ser formal en el Perú debería ser un orgullo y un buen negocio, no una carrera de obstáculos financieros.
3. Estabilidad y reglas de juego claras
El mayor insumo de un emprendedor es la confianza. Sin seguridad jurídica y respeto a la propiedad privada, la inversión se detiene. El nuevo gobernante debe ser el primer garante de la estabilidad institucional. Necesitamos señales claras de que las reglas de juego no cambiarán a mitad del partido, permitiéndonos planificar a largo plazo, contratar personal y modernizar nuestras plantas con la certeza de que el país tiene un rumbo definido.
La campaña terminó, por lo menos en su primera etapa, pero nuestra labor como ciudadanos recién comienza. Una parte del éxito de la próxima gestión no se medirá por sus promesas o eventuales discursos de asunción, sino por cuántas trabas logre quitarle al emprendedor peruano y cuánto logre fortalecer los servicios que permiten que nuestra gente prospere.
El Perú no se construye desde un escritorio, sino desde cada unidad de producción que hoy ha vuelto a abrir sus puertas con la esperanza de que, esta vez, el Estado trabaje al mismo ritmo que nosotros.
CITA
Ser formal en el Perú debería ser un buen negocio, no una carrera de obstáculos financieros.
DATO
Las micro y pequeñas empresas representan más del 90% del tejido empresarial en el Perú.
DATO
Las mypes demandan reformas en infraestructura, formalización y estabilidad para sostener el crecimiento económico.









