Meditaciones arequipeñas: Adiós Peta

En el velorio, su familia desmiente falsos mitos y hace una revelación espantosa, la Peta no estaba en abandono, ni en situación de calle, mucho menos tenía necesidad de pedir limosna y comida en la calle, ella lo hacía, o le gustaba hacerlo, según afirman, por sus perritos.

Por: Jorge Luis Quispe

Ha fallecido la señora Petronila, “Peta”, para todos cuantos la conocimos. La conocí desde la infancia, como no podía ser de otra forma pues vivía a tan solo una calle de su casa en el barrio tradicional del Señor de la Caña, donde confluyen y limitan Cayma, Yanahuara y Cerro Colorado. No siempre fue así ni estuvo en el estado en que miles de personas la vieron en la avenida Ejército y la avenida Trinidad Morán. No estaba ni vivía en condición de abandono ni de calle, como se ha dicho.

Por increíble que parezca, la Peta tenía su casa y una buena casa donde convivía y hablaba, además, correctamente con su hija y sus nietos. Como si de una variante del elixir del Doctor Jeckill se tratase, la Peta cambiaba 180 grados transformándose en una anciana presta para los litigios judiciales, y acudía a unos juicios para defender su terreno, limpia como un espejo y lúcida como un profesor.

La recuerdo hace unos 15 años sentada en las gradas de la iglesia del Señor de la Caña, llamaba a las palomas diciendo: “Vengan ven”, enseguida una parvada de palomas la rodeaba mientras arrojaba comida y migas de pan.

Durante el velorio que la familia realizó en su casa del pasaje Pampita Zeballos de la calle Grande, su féretro fue visitado y llorado por todo tipo de personajes, tanto como profesionales, comerciantes y acongojados vecinos. Llegaban a pie y en modernos vehículos a expresar su pesar y sus condolencias, iban a despedirse de ella. Una imagen difícilmente podrá ser olvidada o borrada de la memoria de los asistentes.

TAMBIEN PUEDES LEER  JTR al día: Mi sobrino Vico, el celeste.

Un gato sentado sobre el féretro y un perrito al costado en el piso vigilando el cuerpo. Dos compañeros que la acompañaron hasta el final o al inicio de otra vida. Una escena que aprieta el corazón y despierta la conciencia del sentir de los animalitos, sus fieles amigos, compañeros e incluso se diría, una extensión de su familia que ella escogió tener.

En el velorio, su familia desmiente falsos mitos y hace una revelación espantosa, la Peta no estaba en abandono, ni en situación de calle, mucho menos tenía necesidad de pedir limosna y comida en la calle, ella lo hacía, o le gustaba hacerlo, según afirman, por sus perritos. Al final del día lograba juntar una cantidad considerable de comida, sándwiches, refrescos, gaseosas, todo lo juntaba para ir a su casa y darles de comer a todos ellos. “¿Todos han comido?”, “¿quién falta comer?” Preguntaba preocupada contándolos a todos.

Era amante de los caldos, dado que todo lo recaudado era para sus fieles de cuatro patas, llegaba a su casa y decía: “¿Hay caldo?”, y como lo que había para comer era todo menos sopa, se iba a donde el Julián – un vecino que llegó al barrio hace más de 20 años para asentarse y quedarse, primero con una bodega y ahora con un restaurant – y le decía: “Julián quiero caldo”. Y el buen Julián le servía, por supuesto, pagarle no hacía falta. Así pasaban los días.

TAMBIEN PUEDES LEER  Raíz de olivo: Incremento del pasaje sin mejora del servicio

La hija dice: “La Peta murió envenenada”. Y nos deja fríos a todos dejándonos unir dos variables que encuentran relación. Según su relato, siniestras personas intentaban apropiarse del predio donde vivían la Peta y su familia, por esto, ella iba al Poder Judicial a defender su hogar y el hogar de sus perritos y sus gatitos. Como no pudieron botarla de su casa haciéndola pasar por una persona fuera de sus cabales, un asesino le habría dado veneno a sus perros y a ella. Un perrito murió.

El pasaje de su casa que tiene cámaras, la registraron el miércoles por la mañana arrastrándose para llegar a su casa, aferrándose a la pared y finalmente, desvaneciéndose, su familia cuenta que salieron a auxiliarla, sin embargo, al llegar a EsSalud ya era tarde. La autopsia, continúa la hija, revela envenenamiento. La denuncia fue interpuesta y el caso ha iniciado.

Hasta hace unos cinco o seis años cuando la veía y le decía “Peta”, me respondía tal y como a todo aquel que conocía: “Hola papito”. Sus íntimos cuentan que se ponía los barbijos como vincha, ni una epidemia mortal pudo con ella. Pero en el último quinquenio, al parecer, algo empezó a fallar, ya no respondía los saludos, incluso hay quienes dicen que se volvió agresiva, esto no me consta, yo nunca la vi en esa conducta.

TAMBIEN PUEDES LEER  La Pontezuela: Un minuto

El Seguro quiso hacer el velorio en un local, su familia lo impidió y luchó para que la despidan en su casa. Amaba la tierra, al punto que cuando quisieron pavimentar el pasaje, ella se opuso. Quiso que la entierren en un cementerio de tierra, y por ello fue necesario ubicar uno en Mariano Melgar.

Ha muerto la Peta, o sería mejor decir, han matado a la Peta, a los 78 años, no padecía ningún mal físico, solo tal vez una enfermedad del alma empezaba a asomar. Ya no estará más, ya no la veremos más. La justicia debe hacer su trabajo y no dejar impune su caso. Nadie amó tanto a los animales como ella. No tenía que morir así.

Cita

Un gato sentado sobre el féretro y un perrito al costado en el piso vigilando el cuerpo. Dos compañeros que la acompañaron hasta el final o al inicio de otra vida. Una escena que aprieta el corazón.

Únete a nuestra comunidad y recibe noticias en tiempo real

Es totalmente gratis

Already a subscriber?

Únete a nuestra comunidad y recibe noticias en tiempo real

Es totalmente gratis

Already a subscriber?
Comparte la nota

Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *