El reciente proceso electoral dejó fuera del registro a varios partidos tradicionales y marginó a figuras políticas recurrentes. Aunque muchos celebran una posible renovación, persisten dudas sobre cambios reales. Las reformas permiten su retorno, mientras crece la demanda ciudadana por nuevas organizaciones con principios sólidos y liderazgos auténticos.
Por Sergio E. Mostajo C. Periodista
El reciente proceso electoral ha decretado la pérdida de inscripción de varios partidos políticos. Entre los más saltantes están: Alianza para el Progreso (APP), APRA, Somos Perú, Acción Popular, Perú Libre y otros que a duras penas habían logrado su inclusión en el registro del Jurado Nacional de Elecciones.
Esta desaparición momentánea ha sido tomada con alegría por un gran sector de la población, que cree que dará paso a una renovación real del espectro político. En lo personal, no lo veo así. Presumo que estas agrupaciones se sacudirán del revés e iniciarán sus respectivos procesos de recolección de firmas para volver a escena. Por lo pronto, por obra y gracia de las reformas aprobadas en el Congreso, pueden participar en las próximas elecciones, tanto en el ámbito regional como local o municipal.
Pero la sacudida electoral no solo ha dejado fuera a estas agrupaciones; también ha “enterrado” las aspiraciones de viejos políticos, no solo por la edad, sino por su reincidencia y su terquedad en participar en cuantas elecciones haya. Menciono a algunos: Daniel Vera Ballón, Gustavo Rondón, Justiniano Apaza, María Agüero, entre otros. Varios ya fueron parlamentarios e incluso gobernadores o alcaldes y, pese a ello, vuelven a candidatear; unos fieles a sus militancias, otros no tanto. Son, más bien, una suerte de saltimbanquis que no dudan en enfilarse en cualquier partido. Pero esta vez, los electores no cayeron en la trampa y, literalmente, los han jubilado.
No sé si todos lo entiendan así; es decir, que ya deberían retirarse y franquear el paso a gente nueva en política. Creo que ellos podrían asumir otros roles: la experiencia que han ganado en su dilatada trayectoria no deja de ser valiosa y amerita ser transmitida a nuevos cuadros. Es lo ideal; sin embargo, no todo fluye en ese plano. Por ello, estoy seguro de que volveremos a verlos encabezando fórmulas al gobierno regional y otros a una alcaldía. Aquí calza bien el dicho: “gallina que come huevo, aunque le quemen el pico”.
Al margen de todo este embrollo, creo que todos estamos de acuerdo en que urge una recomposición política total. Es necesario propiciar la aparición de partidos en toda la extensión de la palabra: con principios y valores democráticos sólidos, con ideologías claras, con militancias consecuentes y con liderazgos fuertes que formen y promuevan a los políticos que necesitamos; que fortalezcan los perfiles de quienes aspiran a ser presidentes de la República, senadores, diputados, gobernadores, consejeros, alcaldes y regidores.
No más vientres de alquiler, no más aventureros, no más aprendices, no más improvisados, no más mercaderes, no más compra de puestos en listas, no más aspirantes a enriquecerse a costa del pueblo, no más falsos mesías, no más caciques, no más caudillos que se creen imprescindibles.
Hago un acápite especial sobre la nefasta existencia de presidentes y dirigentes de partidos que los han convertido en fuentes de poder y de dinero. Sabemos que manejan las agrupaciones políticas como empresas, que viven de los aportes de los militantes y se pagan onerosos sueldos, además de una serie de gollerías, con el diezmo de quienes lograron una curul o un cargo de elección popular.
Eso debe desaparecer. De nosotros depende: los electores tenemos la última palabra.
CITA
“Los electores han jubilado a políticos reincidentes que insistían en postular sin respaldo ciudadano.”
CIFRA
6 partidos tradicionales perdieron su inscripción tras el último proceso electoral nacional.
DATO
Las reformas del Congreso permiten que partidos sin inscripción participen en elecciones regionales y locales.









