Las rondas electorales del JNE evidenciaron un escenario marcado por ataques y ausencia de propuestas concretas. La falta de equipos técnicos y la escasa profundidad en los planes de gobierno dejan a los electores sin herramientas claras para decidir.
Por Karola Lara Manchego. Doctora en Comunicación y Desarrollo
En el marco de las elecciones generales 2026, el Jurado Nacional de Elecciones, a través de su programa “Voto Informado”, organizó las denominadas rondas electorales. Espacios que, en teoría, debían permitir a la ciudadanía conocer las propuestas, capacidades y equipos de quienes aspiran a gobernar el país.
Los temas estaban claramente definidos: gobernabilidad, economía, seguridad ciudadana, salud, educación y desarrollo social. Es decir, los problemas estructurales que afectan diariamente a millones de peruanos. Sin embargo, lo que se esperaba como un ejercicio democrático de altura terminó convirtiéndose, en la mayoría de los casos, en un espectáculo de confrontación estéril. Porque sí, hubo debate… pero no hubo contenido.
La mayoría de los candidatos —en un escenario ya marcado por una fragmentación histórica, con hasta 36 postulantes— optaron por el camino fácil: la denuncia, el ataque personal, la descalificación y el enfrentamiento. Se habló más del pasado del adversario que del futuro del país; más de escándalos que de soluciones; más de rivalidades que de propuestas concretas. Y lo más preocupante: no se habló de cómo gobernar.
En ningún momento quedó claro quiénes conformarían los equipos técnicos que respaldarían a estos candidatos. No se presentaron cuadros profesionales, especialistas ni equipos de trabajo capaces de ejecutar los planes anunciados, cuando estos, en algunos casos, apenas fueron mencionados. Se omitió lo esencial: la capacidad real de gestión.
Este vacío no es menor. Gobernar un país no es una tarea individual ni improvisada. Requiere equipos sólidos, experiencia técnica y visión estratégica. Sin embargo, ese componente clave brilló por su ausencia en los debates.
A ello se suma otro dato revelador: la profunda brecha de género en la contienda electoral. De los 36 candidatos iniciales, solo cuatro son mujeres, lo que representa apenas entre el 10 % y 11 % del total. Este desequilibrio no solo refleja una deuda histórica con la participación política femenina, sino que también limita la diversidad de enfoques en la discusión pública.
Paradójicamente, en un contexto donde las mujeres siguen siendo minoría en la carrera presidencial, tampoco se generaron espacios de debate diferenciados o enriquecidos que permitieran visibilizar sus propuestas frente al ruido generalizado.
Así, las rondas electorales terminaron mostrando más de lo que el sistema político tiene de deficiente que de lo que ofrece como alternativa: un escenario saturado de candidatos, pero pobre en ideas; abundante en discursos, pero vacío de contenido técnico; ruidoso en ataques, pero silencioso en propuestas reales.
El resultado es preocupante: una ciudadanía expuesta a información superficial, sin herramientas claras para tomar decisiones informadas.
Porque, al final, el problema no es solo lo que se dijo en los debates… sino, sobre todo, lo que nunca se dijo o se dijo parcialmente.
No se habló de equipos.
No se explicó cómo se ejecutarían los planes.
No se demostró capacidad real de gobierno.
Y en política, eso no es un detalle; es todo.
CITA
“Se habló más del pasado del adversario que del futuro del país”.
CIFRA
Solo 4 de 36 candidatos presidenciales son mujeres, evidenciando una fuerte brecha de género.
DATO
Ningún candidato presentó equipos técnicos claros durante los debates organizados por el JNE.









