Raíz de Olivo: La tragedia anunciada de las torrenteras

La tragedia en Arequipa no fue producto del azar, sino de años de permisividad y falta de planificación. Las torrenteras, convertidas en espacios estrechados por edificaciones, reclamaron con violencia el cauce.

Por: Carlos Vásquez

Por años, en Arequipa hemos repetido la misma historia: llueve, las torrenteras se activan, se desbordan y arrasan con lo que encuentran a su paso y luego llegan las promesas. Esta vez el saldo es devastador: cuatro muertos, solo en Arequipa provincia. Seis vidas en lo que va de la temporada de lluvias. No fue un fenómeno imprevisible, sino la consecuencia de una negligencia prolongada.

Las torrenteras no son adornos urbanos ni terrenos disponibles para la expansión inmobiliaria. Son cauces naturales que, en temporada de lluvias, reclaman el espacio que siempre fue suyo, dice Humberto Garate vecino de la urbanización Bellavista. Sin embargo, durante años se han estrechado, invadido y convertido en el resultado de decisiones políticas permisivas y de una planificación urbana deficiente.

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Uno de los casos más evidentes es el de la torrentera Chullo, en su tramo de Yanahuara y Cayma. Allí el cauce ha sido reducido progresivamente. Donde antes el agua tenía margen para discurrir con relativa seguridad, hoy encuentra muros, edificaciones y estructuras que disminuyen su capacidad. Cada metro perdido multiplica el riesgo. Cuando el agua desciende con fuerza desde las partes altas, no pregunta quién autorizó la obra ni en qué gestión se firmó el permiso.

En la prolongación de la avenida Ejército, por ejemplo, un hotel de cuatro pisos se levanta como símbolo de esa permisividad, no de ahora, sino de hace años. Lo mismo ocurre con el colegio Lord Bayron, cuya infraestructura, según denuncias vecinales, también habría avanzado sobre el espacio natural de la torrentera cerca del puente Concordia. No se trata de estar en contra de la inversión privada ni de la educación, sino de preguntarnos cómo se otorgaron esas autorizaciones y por qué nadie defendió el interés público frente al evidente peligro.

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La tragedia tampoco se limita a un distrito. En Cayma, 20 familias quedaron damnificadas tras el colapso de viviendas en zona c del sector de loa Milagros. Cuando el agua encuentra una ciudad desordenada, la naturaleza simplemente recupera su camino.

La prevención exige decisiones incómodas: negar licencias, recuperar fajas marginales y fiscalizar con firmeza. Cada centímetro que se le roba a una torrentera es un centímetro que el agua reclamará con violencia. Y casi siempre, lamentablemente, lo hará al costo de vidas humanas.

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