Cada persona puede identificar si posee el denominado Síndrome del Impostor, si en algún momento se ha preguntado ¿realmente merezco este puesto o este reconocimiento?

Por: Yenny Quispe
Cada persona puede identificar si posee el denominado Síndrome del Impostor, si en algún momento se ha preguntado ¿realmente merezco este puesto o este reconocimiento? ¿Tal vez solo fue un golpe de suerte? ¿Soy lo suficiente para liderar esta empresa, descubrirán que soy un fraude?
Tal vez no con las mismas palabras. Pero muchas personas han sentido y pensado esto en algún momento de su vida. Según el estudio de International Journal of Behavorial Science el 70% de personas sufre este tipo de ‘síndrome’.
Se define como un patrón psicológico en el cual una persona duda de sus logros y tiene un miedo persistente a ser visto como un impostor. Esto es especialmente común en personas que son muy competentes y que pueden desconocer su propio valor y las capacidades que las han llevado a alcanzar ciertos logros.
Para gestionar este síndrome se deben analizar 3 elementos psicológicos claves. El primero es la autoestima. Si estás firmemente bien contigo mismo, entonces el síndrome del impostor no puede hacerte creer lo contrario. Cuando se escucha esa voz interior tratando de menospreciar el trabajo realizado, es necesario recordar los éxitos, logros, habilidades y competencias que cada uno posee.
Un segundo punto es la mentalidad de crecimiento según la psicóloga Carol Dweck por lo general tendemos a caer en una de dos mentalidades: «fija» o «de crecimiento». La mentalidad de crecimiento acepta los desafíos, ve el esfuerzo como el camino hacia la maestría, aprende a través de la crítica y persiste a través de los reveses, mientras que una mentalidad fija, se caracteriza por evitar los desafíos, rendirse fácilmente y ver el esfuerzo como inútil.
La tercera técnica de autogestión es la resiliencia, que es una de las cuatro capacidades psicológicas esenciales para cualquier líder. Me quedo con una frase interesante del coach Jean Pierre Alva, frente a este síndrome: “Lo hiciste bien hoy. Mañana puedes hacerlo mejor”. Y posee mucho aprendizaje pues es bueno reconocer lo que uno ha avanzado en su forma y dimensión correctas.
Es esencial fomentar hábitos saludables como una buena higiene del sueño, una alimentación adecuada y espacios para el autocuidado. Que importante es aprender a no ser tan duros con nosotros mismos, reconocer el trabajo realizado y los logros. Este es el inicio para confiar realmente en nuestras capacidades.
El “nunca es suficiente” es un caldo de cultivo muy potente para el síndrome del impostor. Todo puede estar mejor, por lo que, una vez alcanzado, rápidamente desaparece la sensación agradable para ponernos una nueva meta. Finalmente, ¿qué tanto disfrutamos y agradecemos por los logros grandes o pequeños? Tal vez en pocas ocasiones lo hacemos. Que importante es celebrar los logros. No hace falta un gran regalo. Pues el mejor regalo es la satisfacción del trabajo realizado, con el protagonista de tu vida. Tú mismo.









