Opinión

Usted decide: El transfuguismo como síntoma

Por Sarko Medina Hinojosa

Treinta y cinco de los 88 congresistas que buscaron la reelección lo hacen en un partido diferente al que se presentaron en 2021. Esto representa el 40 % de los parlamentarios que intentan volver al Congreso, cambiando de camiseta como quien cambia de celular. El transfuguismo político se ha convertido en el deporte nacional más practicado, superando al fútbol y a la corrupción, aunque a veces las tres disciplinas se practican simultáneamente.

La narrativa oficial es simple: se condena al tránsfuga como traidor, se habla de prohibir los saltos partidarios y se proponen leyes que amarren a los congresistas a sus bancadas originales. Pero ese diagnóstico es superficial y peligroso. Prohibir el transfuguismo no es proteger la democracia; es confundir el síntoma con la enfermedad.

El problema real no es que los políticos cambien de partido. El problema es que los partidos no significan nada. Un congresista que migra de Fuerza Popular a Renovación Popular, o de Perú Libre a Juntos por el Perú, ¿realmente está traicionando un ideario? ¿Qué ideario? ¿Cuál es la diferencia programática sustancial entre la mayoría de estas agrupaciones, más allá del apellido del líder y el color del logo?

Los partidos peruanos no tienen una brújula ética partidaria. No tienen principios programáticos claros ni líneas ideológicas definidas que permitan distinguir una propuesta económica de otra, una visión de Estado de otra o un modelo de país de otro. Son franquicias electorales, marcas registradas para captar votos y repartir cuotas de poder.

Cuando un partido carece de columna vertebral ideológica, ¿qué exactamente traiciona el tránsfuga? Si Acción Popular hoy no representa ninguna doctrina belaundista reconocible, si APRA es solo un cascarón nostálgico, y si los partidos nuevos son vehículos personales de candidatos presidenciales sin historia ni proyecto, entonces el transfuguismo no es traición. Es, más bien, una muestra de la naturaleza mercenaria del sistema.

Prohibir que los congresistas cambien de bancada sin antes construir partidos con identidad programática real es como prohibir la fiebre sin curar la infección. El transfuguismo no es el problema; es la evidencia del problema: partidos vacíos, liderazgos personalistas y agrupaciones sin proyecto más allá de alcanzar el poder y repartirlo.

Mientras los partidos sean solo maquinarias electorales sin alma ideológica, el transfuguismo seguirá siendo racional. No es falta de ética del político; es ausencia de ética en el partido.

Al final, usted decide.

CITA
“El transfuguismo no es el problema; es la evidencia de partidos vacíos”, sostiene el análisis.

CIFRA
40 % de congresistas que buscan reelección lo hacen en un partido distinto.

DATO
35 de 88 parlamentarios cambiaron de partido tras las elecciones de 2021.

Evidencia.pe

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