
La percepción ciudadana sobre el canon minero revela dudas sobre sus efectos en la calidad de vida de Arequipa.
Por: Karola Lara Manchego. Doctora en Comunicación y Desarrollo
Arequipa habla desde hace muchos años del canon minero. Sabemos que existen importantes recursos provenientes de la actividad minera y cada cierto tiempo conocemos nuevas cifras sobre cuánto recibirán los gobiernos regionales y municipales. Sin embargo, hay una pregunta mucho más sencilla que deberíamos hacernos: ¿el ciudadano siente realmente que esos recursos están mejorando su vida?
Una reciente encuesta sobre la percepción del canon minero ofrece resultados que deberían llamar nuestra atención. No porque permitan hablar en nombre de toda Arequipa, sino porque revelan percepciones que merecen ser escuchadas.
La primera aparente contradicción es reveladora. El 83 % de los encuestados había escuchado hablar del canon minero y el 85 % identifica correctamente, en términos generales, qué es. Sin embargo, solamente el 4,8 % considera estar “muy informado” sobre el tema.
Es decir, conocemos el nombre, pero no necesariamente conocemos suficientemente cómo funciona. Y allí comienza el problema. Porque hablar de millones de soles, transferencias, presupuestos y porcentajes puede resultar distante para el ciudadano. Lo que realmente importa para una familia es algo mucho más concreto: ¿mejoró el centro de salud?, ¿tenemos mejores colegios?, ¿hay agua y saneamiento?, ¿las pistas están en buenas condiciones?, ¿mi ciudad es más segura?
Cuando la encuesta lleva el canon a ese terreno cotidiano, aparecen las mayores dudas. El 53,7 % de los consultados considera que, durante los últimos cinco años, las obras financiadas con recursos provenientes de la minería han mejorado poco o nada su distrito. Y hay un dato todavía más preocupante: apenas el 20,5 % afirma conocer con certeza alguna obra de su distrito financiada total o parcialmente con canon minero. En otras palabras, aproximadamente ocho de cada diez encuestados no pueden identificar con seguridad una obra financiada con estos recursos.
Eso debería preocupar a cualquier autoridad. No necesariamente significa que las obras no existan. También puede significar que el ciudadano no sabe cuáles son, cuánto costaron, quién las ejecutó, de dónde salió el dinero o qué problema debían resolver. Pero, en cualquiera de los dos casos, existe una desconexión.
Quizá el resultado más preocupante de la encuesta no tenga que ver directamente con el dinero, sino con la confianza. El 71,2 % manifiesta tener poca o ninguna confianza en que su municipalidad utilice correctamente los recursos del canon. Solo el 19,2 % expresa algo o mucha confianza. La evaluación de la gestión tampoco resulta favorable: apenas el 8,8 % califica como buena o muy buena la ejecución municipal de obras financiadas con canon.

¿Por qué existe tanta desconfianza? Las propias respuestas ofrecen algunas pistas.
Cuando se pregunta cuál es el principal problema en el uso del canon, la corrupción ocupa el primer lugar, con 31,7 %. Le siguen las obras que no responden a las necesidades de la población, la falta de transparencia, la falta de capacidad de las autoridades, proyectos deficientemente elaborados y demoras en la ejecución.
El mensaje parece bastante claro: para estos ciudadanos, el problema no es solamente cuánto dinero recibimos, sino qué hacemos con él. Y esa diferencia es fundamental.
Una región puede recibir mayores recursos y, al mismo tiempo, mantener enormes necesidades sociales si no existen proyectos adecuados, capacidad técnica, planificación, fiscalización y autoridades capaces de convertir presupuesto en servicios públicos de calidad.
¿Dónde quiere la gente que se invierta? La primera prioridad señalada es salud, con 24,7 %. Después aparecen transporte y mejoramiento de vías, educación, agua potable y saneamiento y seguridad ciudadana.
No parecen demandas extraordinarias. Son necesidades que acompañan diariamente a cualquier familia: ser atendida cuando se enferma, llegar a casa por una vía adecuada, enviar a sus hijos a una buena escuela, contar con agua potable y vivir con seguridad.
Quizá allí encontremos otra enseñanza: el éxito del canon no debería medirse solamente por cuánto dinero se transfirió o cuánto presupuesto se ejecutó.También deberíamos preguntarnos qué cambió realmente después de gastar ese dinero. Porque gastar no necesariamente significa solucionar.
El dato que debería hacernos reflexionar, a través de esta pregunta de la encuesta que resume prácticamente todas las anteriores:
¿Considera que los recursos del canon se reflejan suficientemente en su calidad de vida?
El 53,4 % responde que no. Otro 34,9 % considera que se reflejan solo parcialmente. Únicamente el 2,7 % señala que se reflejan claramente. Ese dato debería interesarnos mucho más que cualquier celebración por una transferencia récord de recursos.
Porque detrás del canon existen dos cifras diferentes. Una es la cifra económica: cuánto dinero recibió Arequipa. La otra es la cifra social: cuánto bienestar produjo ese dinero. Y ambas no son necesariamente iguales.
La ciudadanía también plantea una salida. La encuesta no solamente expresa malestar. También muestra una demanda concreta.
El 89 % está de acuerdo o totalmente de acuerdo con que cada municipalidad publique periódicamente, en un formato sencillo, cuánto dinero del canon recibió, en qué lo gastó y cuánto avanzó cada obra.
No debería ser una petición difícil de atender. Imagine que cualquier ciudadano pudiera ingresar a la página de su municipalidad y encontrar algo tan sencillo como:
✓ Canon recibido: cuánto ingresó.
✓ Obra: dónde se está utilizando.
✓ Costo: cuánto dinero demanda.
✓ Avance financiero: cuánto se ha gastado.
✓ Avance físico: cuánto se ha construido realmente.
✓ Fecha prevista de culminación: cuándo debería estar terminada.
Y todo explicado sin lenguaje burocrático. La transparencia no consiste únicamente en colocar cientos de documentos en un portal institucional. La verdadera transparencia ocurre cuando el ciudadano puede comprender la información.
El desafío no es solamente recibir más. Arequipa seguirá discutiendo cuánto canon minero recibe y si esos recursos aumentan o disminuyen. Es necesario hacerlo. Pero quizá hemos dedicado demasiado tiempo a preguntar cuánto recibimos y demasiado poco a preguntar qué conseguimos con lo recibido.
La encuesta deja precisamente esa reflexión. Hay conocimiento del canon, pero poca información profunda. Hay recursos, pero una parte importante de los encuestados no identifica las obras. Hay inversión, pero muchos no perciben suficientemente sus resultados. Y, sobre todo, existe una preocupante desconfianza respecto de cómo se administra el dinero.
El canon minero representa una enorme oportunidad para Arequipa. Pero el dinero, por sí solo, no construye desarrollo. Lo construyen buenos proyectos, autoridades capaces, funcionarios honestos, planificación, fiscalización, transparencia y ciudadanos vigilantes.
Por eso, quizá la discusión que necesitamos ya no sea solamente:
¿Cuánto canon recibirá Arequipa este año?
La pregunta verdaderamente importante debería ser:
¿qué estamos haciendo con ese dinero y cuánto está cambiando realmente la vida de las personas?
Porque el éxito del canon no debería medirse únicamente en millones de soles.
Debería medirse en calidad de vida.
CITA
“El 71,2 % manifiesta tener poca o ninguna confianza en que su municipalidad utilice correctamente los recursos del canon”.
CIFRA
El 89 % está de acuerdo o totalmente de acuerdo con publicar periódicamente el uso y avance de los recursos del canon.
DATO
Salud concentra la primera prioridad de inversión con 24,7 %, seguida por transporte, educación, saneamiento y seguridad.








