Opinión

Raíz de olivo | Fervor que trasciende generaciones: mi fe en la Virgen de Chapi

Por: Carlos Vásquez Gonzáles

Han pasado 20 años desde mi primer encuentro con la Virgen de Chapi. Cada vez que se acerca el 1 de mayo, algo se activa en mi interior. No es solo una festividad religiosa; es un llamado profundo que me remonta a mis 13 años, cuando llegué por primera vez al desierto de Polobaya. Desde entonces, esta experiencia forma parte de mi identidad. Y lo digo no solo como periodista, sino como devoto.

Las celebraciones, que se extienden hasta el 2 de mayo, van más allá de un programa de actividades. La serenata del 30 de abril, con castillos y fuegos artificiales, marca el inicio de una expresión colectiva de fe y esperanza. Recuerdo cómo familias enteras se reunían entre cantos a la “mamita”, incluso cuando llegar al santuario era una verdadera penitencia. El asfaltado apenas alcanzaba la zona de Siete Toldos, y el resto del camino se recorría entre polvo, cansancio y convicción.

Pero es el 1 de mayo, día central, el que refleja la magnitud de esta devoción. Las misas y la procesión no son solo actos religiosos; son momentos de encuentro, de agradecimiento y de promesas silenciosas. Caminar entre la multitud y observar los rostros llenos de fe me recuerda que esta tradición sigue viva porque responde a una necesidad profunda: creer, pertenecer y resistir.

También he visto lo que pocos cuentan: los días previos en los que los pobladores limpian y acondicionan el templo. Sin cámaras ni titulares, se revela el verdadero sentido de la festividad: una comunidad que construye su fe con trabajo y unión.

Este año, la celebración tiene un significado especial. La apertura de un nuevo santuario con capacidad para 4,500 fieles marca un antes y un después. Por primera vez, miles de devotos podrán participar dentro de un espacio digno, sin estar expuestos a la intemperie. Es un avance que no solo mejora las condiciones, sino que también refleja el crecimiento de esta tradición.

Hoy reafirmo que esto no es solo una cobertura periodística. Es una vivencia personal que se renueva cada año. Porque hay tradiciones que no se explican: se sienten y se llevan en el alma.

CITA
“No es solo una festividad, es una experiencia que se lleva en el alma”.

CIFRA
4 500 fieles es la capacidad que tiene para albergar el nuevo santuario.

DATO
La festividad principal se celebra cada 1 de mayo en el distrito de Polobaya.

Evidencia.pe

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