En la parte alta de Mariano Melgar y Miraflores los picapedreros arequipeños siguen dando forma a la piedra que cimentó la historia de la ciudad. Herederos de un oficio ancestral, resisten entre la modernización, el desinterés de las autoridades y la amenaza de perder sus últimas canteras. Mientras su trabajo es valorado fuera, en regiones como Puno, Cusco, Moquegua y hasta Lima, en su propia tierra luchan por no desaparecer.
Por Roberth Orihuela
Fotos: Yvan Salcedo
Apenas se da cuenta de nuestra presencia, Johan Mamani Sahuaynay apaga la amoladora —una máquina cortadora de mano— y se dispone a saludarnos. Sentado sobre una roca, alza sus grandes y pesadas manos, sucias por el polvo, y nos saluda. Una máscara y lentes le cubren el rostro, también lleno de polvo. Se los retira y empieza a explicar. Está en plena labor, tallando a pulso la piedra para armar una pileta con posa doble. El trabajo, dice, tomará cerca de dos meses, desde que se extrae la roca basáltica de una cantera ubicada en la parte alta del distrito de Mariano Melgar, en la zona de San Francisco, hasta que se instale en una plaza ubicada en la ciudad de Juliaca, en la provincia de San Román (Puno).
Junto a Johan, a pocos metros, trabaja también Leonardo Sahuanay Leya, de 62 años, quien con su amoladora está tallando unos pilares de punta redonda, como los que se ven en ciertas piletas y esquinas de cercos en el Centro Histórico. Solo que estos no son de sillar, sino de roca basáltica.


Leonardo, uno de los miembros más antiguos de la Asociación de Escultores y Picapedreros Artesanos de Arequipa, es evidencia viva de que la actividad de tallar piedra persiste en la ciudad. Aunque ciertas autoridades los hayan dado por extintos, los hijos, nietos y bisnietos de quienes tallaron los adoquines que pavimentan las calles del Centro Histórico, la zona monumental de Yanahuara y sus respectivas áreas de amortiguamiento siguen activos y continúan labrando la roca, elaborando adoquines, enchapados, pisos, utensilios, esculturas y hasta piletas completas.
“Me dedico a la piedra desde que tengo 18 años. Y, al igual que yo, están mis hermanos y otros compañeros. Mi padre y sus contemporáneos fueron quienes tallaron a pulso, con cincel y combo, los adoquines que están en el centro, en la plaza y en sus calles. Y todavía siguen ahí esos adoquines”, manifiesta orgulloso Leonardo.

Este artesano, de manos grandes y gruesas, ha visto la transición de una labor que, hasta hace pocas décadas, se realizaba únicamente a mano —con cinceles, cuñas, combos y barretas— hacia una mayor tecnificación, con grandes cortadoras y amoladoras de diversos tamaños y utilidades. Sin embargo, la esencia del oficio permanece: tallar la piedra para obtener productos que perduren en el tiempo, desde los más simples hasta los más artísticos.

Canteras en peligro


Estamos en la cima de uno de los cerros que rodean el distrito de Mariano Melgar, por encima de la zona de Jerusalén, donde ahora se ubica el sector denominado San Francisco. Allí, los picapedreros cuentan con varias canteras, posiblemente las últimas de roca basáltica; la misma que se observa en las calles del Centro Histórico, principalmente en forma de adoquines, pero también como cimientos de edificaciones como la Catedral, iglesias y casonas.
“La piedra basalto, por su fuerza y durabilidad, sirvió como cimiento para las casas del Centro Histórico. Si usted se fija, la base de las casonas es de roca; es esta misma. Entonces, podemos decir que la piedra y el sillar se complementan”, explica Américo Alvaro de la Cuba, presidente de la Asociación de Escultores y Picapedreros Artesanos de Arequipa, señalando el cúmulo de rocas fracturadas en una de las canteras.


Esta piedra —continúa Alvaro de la Cuba— es una lava volcánica que se formó y solidificó tras erupciones ocurridas hace millones de años del volcán Misti. A diferencia del sillar, que es poroso y ligero, la roca basáltica, aunque también presenta cierta porosidad, es más compacta y de mayor dureza. Es tan resistente que el tránsito constante de vehículos no la pule, lo que permite mantener su agarre, a diferencia de otras rocas que se vuelven resbaladizas y peligrosas para los transeúntes.
El problema es que las invasiones de terrenos están cercando y poniendo en riesgo estas canteras. Las ubicadas en San Francisco, en Mariano Melgar, junto con otras en la parte alta de Miraflores, serían las últimas que existen en la ciudad y, posiblemente, en el sur del país.
Américo Alvaro señala que las primeras canteras de piedra basáltica se ubicaban en lo que hoy es la Feria del Altiplano; luego, los picapedreros fueron desplazándose hacia zonas más altas, como Alto Misti, La Galaxia (en Miraflores), y Salaverry, Atalaya, Jerusalén, hasta llegar a su último vestigio en San Francisco, en Mariano Melgar.


A ello se suma que el Ejército Peruano, en el cuartel de Miraflores, ha prohibido a los picapedreros explotar algunas de las canteras dentro de sus terrenos. Frente a ello, los artesanos solicitan a las autoridades municipales y regionales que su actividad sea declarada patrimonio cultural inmaterial y que se protejan las zonas donde se ubican estas últimas canteras.
Asimismo, algunos artesanos, como Alex Burgos Coaquira, proponen el desarrollo de un parque vivo donde los turistas puedan observar el proceso de trabajo —similar a la Ruta del Sillar en Cerro Colorado— y, además, promover un mirador con una vista privilegiada de la ciudad desde el cerro San Francisco.
“Si no protegemos pronto las canteras, podríamos ver la desaparición de nuestra actividad y la pérdida de un patrimonio de Arequipa. Lo más preocupante es el desinterés de nuestras autoridades, que parecen no conocer la importancia de la piedra basalto para la ciudad, como el alcalde de Yanahuara, Sergio Bolliger, quien prácticamente ha menospreciado nuestra labor”, añade Alvaro de la Cuba.


Valorados fuera de Arequipa


Ante la problemática surgida por las obras que realiza el municipio de Yanahuara para reemplazar el adoquín histórico de piedra basáltica por concreto, los picapedreros expresaron su molestia. Señalan que tienen la capacidad de proveer adoquines con las mismas propiedades, pero con mejor acabado.
“Nosotros todavía hacemos adoquines”, afirma Américo Alvaro, mostrando uno elaborado con técnicas modernas, aunque similar a los históricos.
“Nuestros padres y abuelos los hacían con cincel y combo; ahora usamos cortadoras que mejoran el acabado, pero mantienen sus propiedades, incluso el mismo tamaño. Podemos adaptarnos a lo que nos pidan”, añade.


Los artesanos indican que continúan recibiendo pedidos, aunque principalmente de otras regiones. Mientras en Arequipa su labor es poco valorada, en otras ciudades sí es reconocida. Han pavimentado calles en Moquegua, Cusco, Ayacucho y Puno. “Toda la plaza de Moquegua es de piedra basalto de Arequipa”, señala Alex Burgos.
También elaboran baldosas, esculturas y otros productos para comunas del valle del Colca, e incluso han abastecido a la Municipalidad Metropolitana de Lima y a la Empresa Municipal Administradora del Peaje de Lima.
Así, mientras los picapedreros arequipeños son relegados por autoridades y ciudadanos, su trabajo es valorado en otras regiones. Allí comprenden que la roca con la que se construyó la ciudad es duradera y, por ello, buscan que sus obras aspiren a la misma permanencia. Porque, como afirman los propios artesanos: “Uno ama su historia y cuida su patrimonio cuando lo conoce; de lo contrario, simplemente lo desprecia y lo destruye”.
DESPIECE
Debe promoverse la protección

El exdirector de la Dirección Desconcentrada de Cultura (DDC) en Arequipa, Franz Grupp, explicó que frente al contexto y la desprotección de la actividad de los picapedreros de roca basalto, las autoridades arequipeñas deben iniciar con los trámites para proteger la actividad, desde las canteras a los propios picapedreros. «Existen normas legales que permiten declarar la protección de estos espacios y de la actividad. Se debe proteger por un lado nuestra historia y por otro la dignidad de las personas», añadió.
Respecto a la problemática en Yanahuara, Grupp pidió a las autoridades asesorarse antes de iniciar ese tipo de proyectos para tomar la mejor decisión. Señaló que existen arquitectos, historiadores y restauradores que pueden brindar apoyo para preservar la historia y no eliminarla por simples discursos mal entendidos de progreso. «Parte de la educación que dan las autoridades a los ciudadanos es esto. No pueden salir a decir que el adoquinado no vale, es una lección incalificable hacia la población, porque le están diciendo que su patrimonio no sirve y que su herencia cultural no vale nada. Es un esfuerzo que hicieron nuestros antepasados y ahora viene alguien que lo tira a un rincón», agregó Grupp.
Finalmente, Grupp señaló que de haberse realizado el pedido de cambio del adoquinado histórico en su gestión en la DDC, él no lo habría aprobado. Porque además, explicó, hay una serie de contradicciones en la resolución de aprobación de la DDC ahora bajo la gestión de Harold Loli Rosales. Por ejemplo, la DDC está diciendo que esos adoquines deben resguardarse para reutilizarse, entonces ahí está admitiendo que tienen valor cultural, si no fuera así entonces la DDC ni siquiera se habría pronunciado, porque estaría fuera de su jurisdicción. «Es un atentado que esperamos pronto pueda ser resarcido y los adoquines históricos vuelvan. Porque, como lo están demostrando los picapedreros, todavía es posible recuperar los adoquines de roca basáltica. Lo único que se debió hacer es tomar los que habían y pedir nuevos a los picapedreros para completar lo que faltaba. Si fuera un recurso que ya no existiese, entonces se podría comprender, pero no es el caso», dijo el especialista.
CIFRA
15 son los miembros de la Asociación de Escultores y Picapedreros Artesanos de Arequipa.
DATO
La actividad de los picapedreros ha perdido valor en Arequipa, pero en otras regiones sigue siendo apreciada.
CIFRA
S/ 250 puede costar 1 m2 de adoquinado en piedra basalto
DATO
Un taller puede producir entre 8 a 10m2 de adoquín de piedra basalto al día








