Vértigo, rabia, irritación, eso es lo que uno siente al terminar las páginas de “Negro, contra el desprecio” de Julio Arbizú, el abogado penalista, ex procurador anticorrupción y escritor. Pero también se imprime en el lector la sensación inevitable de una promesa por venir, de un desagravio consolidado, de un compromiso impostergable.
El doctor Arbizu ha ejecutado una de las proezas más complejas y dolorosas que un peruano puede hacer, exorcizarse a uno mismo, expiar sus duelos, procesar la angustia y expulsar los agravios infringidos por otros. El resultado es un libro fenomenal, porque constituye un archivo de lo que es posible, viable, factible, un libro que es una redención sin represalias.
Negro es un conjunto de relatos reales donde el autor expone las afrentas e injurias que amargamente ha experimentado desde su infancia hasta la adultez, no por alguna conducta irregular sino por el pecado de ser moreno, por su color de piel, la rebeldía de su cabello, el aspecto de su rostro.
El texto es una fiel muestra de que todos nuestros atavismos continúan latentes, el racismo, la discriminación, la negación del otro, los prejuicios, la violencia que implica negarle los derechos a alguien solo por su apariencia, su procedencia o su apellido, todo eso persiste como un cáncer que ata al Perú al retraso y al tercermundismo.
Sin embargo, no todo es dolor y penas, porque he de confesar que he gozado al constatar que el doctor se defendió con las armas que tuvo a la mano, aunque a veces esas armas fueron puños, palabras, y hasta denuncias, la defensa estuvo ahí, contrarrestar el racismo fue posible, estuvo ahí, ocurrió.
No se me escapa que un poco más de la mitad de esas agresiones expuestas en el libro se produjeron en un contexto político donde el autor se enfrentaba a la corrupción. Y ante las evidencias de la podredumbre de los corruptos, estos últimos proferían agravios racistas para intentar disminuir, degradar o menoscabar la templanza del exdefensor del Estado en casos de corrupción. Evidentemente, no lo lograron.
Todos los que alguna vez han padecido cualquier forma de racismo deben leer este libro. Deben saber que no están solos (no estamos solos). Leer “Negro” es un abrir esa herida y expulsarla de nuestra historia.
Al final, aquello que mal nos enseñaron a negar, nuestra cara, nuestro cuerpo, nuestro apellido, no es algo que esconder o de qué avergonzarse, sino que es una parte de lo que estar orgulloso, al leerlo esa parte se vuelve nuestra marca, nuestra insignia, nuestra consigna.
En uno de los relatos, una mujer andina lo abraza llorando y le ruega: “defiéndanos”. ¿Cuántos peruanos como ésa señora siguen esperando justicia? Este libro es el primer paso para alcanzarla.
Todos los que alguna vez han padecido cualquier forma de racismo deben leer este libro. Deben saber que no están solos (no estamos solos).
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