
El retroceso del Titicaca modifica el acceso de embarcaciones y preocupa a operadores turísticos.
El lago Titicaca nuevamente atraviesa un periodo de sequía que afecta su masa de agua. Desde el 24 de abril, cuando alcanzó su mayor nivel del año, perdió 55 centímetros y llegó a 3.808,42 metros sobre el nivel del mar. El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrografía (Senamhi) advierte que la tendencia podría prolongarse hasta diciembre e incluso agravarse entre enero y marzo del 2027 debido a las consecuencias del Fenómeno El Niño. Mientras tanto en Puno las primeras consecuencias de este fenómeno ya se sienten en las actividades turísticas.
Sequía en las alturas

La caída del nivel coincide con el periodo de estiaje, una etapa en la que las lluvias disminuyen y los ríos que alimentan el lago transportan menos agua. Ese menor aporte reduce el ingreso de agua desde los ríos hacia el Titicaca y deja el balance hídrico en una situación más desfavorable.
A esa menor entrada de agua se suma otro factor: las temperaturas elevadas, según el Senamhi. El calor favorece la evaporación de la superficie y hace que parte del agua pase a la atmósfera en forma de vapor. Así, mientras los afluentes entregan menos caudal, el lago continúa perdiendo agua por efecto de las condiciones ambientales.
La diferencia ya se refleja en las mediciones. El 24 de abril, el Titicaca llegó a los 3.808,97 metros sobre el nivel del mar, su punto más alto del año. Desde entonces, el nivel descendió hasta los 3.808,42 metros registrados por el Senamhi. Son 55 centímetros que también empiezan a hacerse visibles en las orillas y playas que se ubican a su alrededor.
Turismo afectado

En Puno, ese cambio dejó de ser una cifra registrada en una estación de medición. Un reporte de ATV Noticias mostró el retroceso de la masa de agua en sectores cercanos al malecón turístico, ubicado en la bahía de Puno, donde la distancia entre la ribera y los puntos habituales de acceso comienza a modificar la operación de las embarcaciones.
Los lancheros son quienes deben responder primero a ese nuevo escenario. Según los testimonios recogidos, algunos puntos de embarque requieren ajustes para permitir el ingreso de las embarcaciones hacia zonas con mayor profundidad. Y esta rutina cambia a medida que el agua se retira.
El efecto termina alcanzando a los visitantes. Las modificaciones en los accesos pueden complicar el traslado hacia determinados puntos turísticos y obligan a quienes trabajan en el sector a adaptar sus operaciones. El descenso no ha detenido la actividad, pero sí introduce dificultades ya que el lago es parte central de la experiencia turística en la región altiplánica.
Se viene lo peor

La tendencia, además, todavía no habría llegado a su punto final. El Senamhi prevé que el nivel del Titicaca continuará descendiendo hasta finales de diciembre de 2026, en línea con las condiciones del periodo de estiaje. La recuperación dependerá de las lluvias que lleguen después y de la cantidad de agua que puedan aportar los ríos.
El escenario de los próximos meses se mantiene en incertidumbre para la población y el sector turístico. Entre enero y marzo de 2027 existe una probabilidad de que las precipitaciones sean inferiores a lo habitual debido al Fenómeno El Niño. A esto se suma la previsión de menores aportes de los ríos Ramis, Huancané, Coata e Ilave entre noviembre de 2026 y enero de 2027.
Por ahora, la evolución del lago dependerá de dos variables estrechamente conectadas: las lluvias y el comportamiento de sus principales afluentes. Mientras el Senamhi sigue sus registros, en las orillas de Puno el descenso ya tiene una consecuencia concreta: los operadores turísticos deben ajustar su forma de trabajar a un lago que, centímetro a centímetro, se aleja de la ribera.
CIFRA
55 centímetros perdió el Titicaca desde el 24 de abril, cuando alcanzó su mayor nivel anual.
DATO
Ramis, Huancané, Coata e Ilave podrían transportar menos agua hacia el lago entre noviembre y enero.






