Sergio Mostajo analiza el escenario de las Elecciones Regionales y Municipales 2026 y cuestiona la presencia recurrente de candidatos que permanecen durante años en la actividad política. Advierte sobre la improvisación en las organizaciones políticas, la escasa renovación de liderazgos y el riesgo de que intereses personales prevalezcan sobre las necesidades de la ciudadanía.
Por Sergio E. Mostajo C. Periodista
Se veía venir lo que afirmé en una Pontezuela anterior: otro desastre electoral. Me refiero a las elecciones regionales y municipales (ERM26) que, según estimación preliminar del Jurado Nacional de Elecciones, congregará a ¡medio millón! de candidatos a los cargos de gobernadores, vice gobernadores, consejeros, alcaldes y regidores.
Debo dejar en claro que no está en cuestión el derecho a participar en este proceso electoral. Ese derecho es inalienable mientras el postulante reúna los requisitos de ley que por cierto son mínimos y haya cumplido con los pasos previos a sus designaciones, además de presentar una documentación básica.
Lo que está en cuestión, valga la redundancia, no solo por mi parte, sino y sin temor a equivocarme, por parte de muchos, es la idoneidad y la integridad de quienes aspiran a convertirse en autoridades. Hablo de si esas personas están preparadas para ejercerla o si han hecho la tarea previa. Es decir, si saben con certeza el diagnóstico situacional de la región, provincia o distrito que quieren gobernar o conducir o si tienen el soporte técnico y profesional que haya elaborado el plan de gobierno. Por consiguiente, a quienes lo implementarán si logran ganar las elecciones.
Sinceramente, lo dudo. Algunos deben haber que sí cumplen lo referido en el párrafo anterior. Sin embargo, la mayoría no califica. ¿Acaso no vemos que, en los partidos y movimientos regionales, reina la improvisación y los trámites de última hora, desde la designación de sus candidatos, hasta la conformación total de sus listas? ¿Qué van a la hora nona a inscribirlas ante los Jurados Electorales Especiales? Claro que vemos todo eso como una vieja película o novela que se repite proceso, tras proceso.
Quiero prestar y que ustedes presten especial atención a una de las taras electorales que, desde mi punto de vista le hace mucho daño a nuestra incipiente y débil democracia. Hablo de los eternos candidatos, esos que han hecho de la política su medio de vida, esos que están 10, 15 y hasta 20 años en ella. Los que se reciclan en uno y otro partido o movimiento, esos que creen ser imprescindibles, esos que saltan de un cargo a otro, esos que se han acostumbrado a medrar del erario, esos que entran pobres y se convierten en millonarios, esos que han sido denunciados e incluso han estado presos y persisten en sus afanes electorales, esos que crean partidos o movimientos regionales, esos que los han convertido en guetos o clanes familiares e incluso en organizaciones criminales.
No se si a ustedes les ocurre, creo que sí, que estén aburridos e incluso asqueados de leer, ver y saber que los mismos personajes sean ungidos como candidatos. Hay nombres y apellidos que hastían, que desencantan, que desalientan, que hacen renegar y cuestionar al sistema. Esto ocurre no solo en Arequipa sino en todo el país.
Aquí cabe hacernos una pregunta: ¿no hay otros ciudadanos capaces de asumir esos cargos? La respuesta es simple, SI HAY. Pero no son convocados, no forman parte de esas costras oscuras que se han encarnado en partidos y movimientos. Son personas que no encajan en entramados de corrupción y afanes de poder, además de no tener dinero para comprar un puesto en sus listas. Termino citando lo siguiente que creo ayudará a entender mejor lo que ocurre con la vieja clase política, aparentemente ganada por una enfermedad.
“El Síndrome de Hubris (Arrogancia Política): Ocurre cuando un líder pasa mucho tiempo al mando, cree que su opinión es infalible, se desconecta de la realidad, rechaza las críticas y confunde sus intereses personales con los de la nación”.
CITA
“La mayoría no califica para asumir las responsabilidades que pretende ejercer”.
CIFRA
500 mil candidatos estima el JNE que participarán en las ERM 2026.









