Sociedad

Karina y Carmen, entre canchas y sillas: “El básquet es el gran inicio para cambiar la vida»

Antes de que el balón golpeara el suelo, antes de que la red celebrará cada lanzamiento, hubo silencios largos, miradas que bajaban por costumbre. Hoy, mientras el país se alista para ser sede de los Juegos Parapanamericanos 2027, Karina y Carmen siguen girando, contra la indiferencia, contra el olvido, contra la propia gravedad. 

Karina Luisa Torres Mendoza nació con espina bífida. “Mis padres me sobreprotegían tanto que no podía salir de casa”, recuerda. En el colegio, su discapacidad se tradujo en un documento oficial: exonerada de educación física. Mientras sus compañeros corrían por la pista o competían, ella permanecía en la grada, con las manos quietas y la mirada entrenada en la paciencia. Nunca había tocado un balón. 

A los 23 años, un encuentro casual en el centro de Arequipa con quien hoy es su esposo la llevó a probar el básquet. El miedo inicial se convirtió en rutina y, a pesar de todo ello, en 2010 entró a la selección nacional. Quince años después, su palmarés incluye Panamericanos, mundiales y sudamericanos, pero su verdadero trofeo es lo que el deporte le regaló fuera de la cancha, “La discapacidad no es un freno. Es una condición que nos toca vivir, no una sentencia”, reflexiona ahora.

Administradora de profesión, madre por elección, Karina, poco a poco, aprendió que la silla no es un muro, es un puente. 

Carmen Rosa Anco Redondo, de 45 años, contrajo poliomielitis a los dos años. Tras cuatro operaciones sin éxito, aprendió a caminar con dos muletas, luego con una, como quien aprende a bailar con el viento en contra. Antes de que el balón se convirtiera en su compañero más fiel, Carmen ya había aprendido a empujar el mundo con las manos. A los catorce años, harta de esperar a que la vida le diera permiso, salió de su casa y se plantó frente a una ferretería ubicada por la Av. Mariscal Castilla. Allí, entre tornillos, llaves y otras herramientas, trabajó como cajera durante una década. 

A los 22 descubrió el básquet. “Empecé a practicar, me prestaron sillas y ahí empecé”, cuenta. Dos décadas después, ha vestido la camiseta peruana en siete ocasiones y hoy confecciona ropa deportiva en su casa mientras entrena y compite.

El deporte también le pulió el carácter. “Antes era un poco arrebatada. El básquet me enseñó disciplina, paciencia y a trabajar en equipo”. 

La Gerencia de Desarrollo e Inclusión Social organiza el Campeonato Internacional de Básquet en Silla de Ruedas «Copa Desafío 2026»

Esfuerzos propios

Pese a los logros, el camino para alcanzar sus metas ha sido cuesta arriba por la falta de recursos económicos. Hay que tener en cuenta que ninguna canasta borra la burocracia. “Cuando empecé en 2010 no había presupuesto. Tocamos muchas puertas; el 95% se cerraron”, cuenta Karina.

Hoy, aunque existe una federación y un fondo limitado, este solo cubre viajes internacionales. Los pasajes nacionales, el alojamiento, los microciclos y el entrenamiento corren por cuenta de los atletas. “En otros países los deportistas de selección reciben becas, apoyo laboral, un pago mensual. Aquí no”, detalla. Aun así, representaron a Perú en Colombia, Chile, Canadá y México, y se preparan para que el país sea sede de los Juegos Parapanamericanos 2027 con la esperanza de que la inversión pública por fin acompañe a la garra nacional.

Desafíos sobre ruedas

En 2022, cinco deportistas fundaron la asociación Desafíos sobre Ruedas con un objetivo claro, que el deporte sea solo el comienzo. Hoy en Arequipa, agrupan a más de treinta personas con discapacidad a las que ayudan con inserción laboral, becas educativas y talleres de capacitación. “Cada día es un desafío, desde la accesibilidad hasta el trabajo o el estudio”, explica Karina. “Por eso creamos la asociación, para invitar a salir a quienes siguen en casa, a probar, a sentirse parte”.

Y no es retórica, el básquet no les quitó la posibilidad de ser madres ni, en el caso de Carmen Rosa, abuela. “Tengo una hija de 25 años y una nieta de 11”, dice orgullosa. “La vida sigue. Por una discapacidad no te puedes rendir. La discapacidad no es incapacidad”, reflexiona.

Carmen Rosa y Karina no solo juegan para ganar partidos, juegan para que la sociedad vea que el límite nunca estuvo en las piernas, sino en las oportunidades que se niegan o se brindan. “Atrevámonos a hacer deporte… Es el gran inicio para cambiar la vida”, invita Karina. Mientras el país sigue aprendiendo a valorar el deporte paralímpico, ellas ya lo viven, lo transmiten y lo defienden, una canasta a la vez.

Dato

La espina bífida es un defecto congénito del tubo neural que ocurre cuando la columna vertebral y la médula espinal no se cierran completamente durante el desarrollo fetal.

David Flores

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