Jóvenes sin puerta: el empleo crece, pero ellos siguen quedando fuera

El Perú cerró el 2025 con más empleo y menor desempleo, pero los jóvenes siguen enfrentando la parte más dura del mercado laboral: menos oportunidades, más informalidad y una primera experiencia cada vez más difícil.

Terminar el colegio, salir de un instituto o recibir un título universitario ya no garantiza una entrada rápida al mundo laboral.


En Arequipa, la paradoja es mayor: la región crece y tiene mejores ingresos, pero 1 de cada 5 jóvenes estaría fuera del estudio y del trabajo.

Terminar el colegio, salir de un instituto o recibir un título universitario ya no garantiza una entrada rápida al mundo laboral. Para muchos jóvenes peruanos, el primer empleo se ha convertido en una carrera con una valla difícil de saltar: las empresas piden experiencia, pero pocas están dispuestas a ofrecer la primera oportunidad.

El problema no ocurre en un país sin empleo. Al contrario. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática(INEI), en 2025 la población ocupada del Perú creció 1,5% y llegó a 17 millones 575 mil 200 trabajadores. La tasa de desempleo nacional se ubicó en 4,9%. Pero esa mejora tiene una grieta: entre los jóvenes menores de 25 años, el desempleo llegó a 10,7%, más del doble del promedio nacional.

El profesor Patricio Lewis, docente de la Universidad Católica de Santa Maria y parte de la Red de estudios para el desarrollo, resume el problema con una idea central: el empleo juvenil retrocede mientras otros grupos avanzan, y la puerta de entrada al mercado laboral se vuelve cada vez más estrecha para quienes recién comienzan.

El empleo mejora en el país, pero no para todos los jóvenes

El mercado laboral peruano muestra una recuperación general, pero no todos están entrando en esa recuperación. El Instituto Peruano de Economía(IPE) señala que, entre 2019 y 2024, hubo más de 160 mil jóvenes menos trabajando. En contraste, los trabajadores de 30 años a más aumentaron en cerca de 800 mil puestos. Además, 90 mil jóvenes no solo dejaron de trabajar, sino que también dejaron de buscar empleo.

La explicación no está solo en la falta de puestos. También hay un cambio en las preferencias de contratación. De acuerdo con el IPE, la demanda formal por trabajadores de 30 años a más es hoy cuatro veces mayor que la demanda por jóvenes de 18 a 29 años. En 2019 ocurría lo contrario: la demanda por jóvenes duplicaba a la de adultos.

En palabras simples: el mercado está pidiendo experiencia, pero los jóvenes no pueden conseguir experiencia si nadie les abre la primera puerta.

La trampa de la experiencia deja fuera a quienes recién comienzan

Cuando los jóvenes sí consiguen empleo, muchas veces lo hacen sin contrato, sin seguro, sin pensión y sin estabilidad. Según el INEI, entre abril de 2024 y marzo de 2025, el 70,7% de la población ocupada del país trabajaba en la informalidad. Pero entre los jóvenes de 14 a 24 años, la informalidad llegó a 85,3%, la tasa más alta entre todos los grupos de edad.

Esto significa que para la mayoría de jóvenes el primer trabajo no es necesariamente una oportunidad de desarrollo, sino una forma de sobrevivir. Un empleo informal puede dar ingresos inmediatos, pero no siempre deja experiencia reconocida, capacitación, contactos laborales o una línea clara de crecimiento.

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Por eso, el problema juvenil no es solo “tener trabajo”. Es tener un trabajo que sirva como punto de partida.

Los “ninis” no son jóvenes que no quieren hacer nada, sino jóvenes fuera del sistema

Los llamados “ninis” son jóvenes que ni estudian ni trabajan. Técnicamente, se relacionan con el indicador internacional NEET(Not in Employment, Education or Training ), que mide a jóvenes que no están empleados ni participan en educación o formación. La OCDE(Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). usa este indicador para observar cuántos jóvenes quedan fuera del sistema educativo y del mercado laboral.

En el Perú, la cifra cambia según la metodología. El IEDEP(Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial). de la Cámara de Comercio de Lima, informó que en 2024 hubo 1,17 millones de jóvenes ninis entre 15 y 29 años. Esto equivale al 15,6% de la población juvenil. Aunque la cifra bajó 4,5% frente al 2023, todavía se mantiene por encima del nivel prepandemia.

El Banco Central de Reserva del Perú presenta una dimensión similar. Según el BCRP, en 2023 el 17,1% de jóvenes peruanos de 15 a 29 años estaba en condición de nini. En hogares pobres, la cifra subía a 23,8%, mientras que en hogares no pobres llegaba a 14,5%. También hay una brecha de género fuerte: 22,8% de mujeres jóvenes estaban en esta situación, frente al 11,6% de hombres.

La OCDE, con una medición para jóvenes de 18 a 24 años, ubicó al Perú en 22,7% en 2023. Mientras el promedio de países OCDE bajó de 15,8% a 13,8% entre 2016 y 2023, en el Perú la proporción subió de 21,6% a 22,7%.

Detrás de estas cifras no hay solo desinterés. Hay pobreza, abandono escolar, maternidad temprana, falta de oportunidades, responsabilidades familiares, problemas de salud mental, brechas digitales y empleos que exigen experiencia previa.

Arequipa refleja el problema nacional, pero con una paradoja local

Arequipa aparece como una de las ciudades con mejores indicadores laborales del país. Según el INEI, en 2025 la población ocupada creció en 23 ciudades, y entre las que más avanzaron estuvieron Moquegua y Arequipa, ambas con 5,7%. Además, Arequipa registró uno de los ingresos promedio mensuales más altos del país, con S/ 2.324,6.Indicó el Profesor Patricio Lewis.

Pero ese buen desempeño no significa que los jóvenes tengan una entrada fácil al mercado laboral. Patricio Lewis advierte que Arequipa tiene una caída fuerte en la participación juvenil: en 2007, uno de cada cinco trabajadores de la región era joven; hoy los menores de 25 años representan apenas el 9,3% de la PEA regional. Además, desde 2019 habría 30 mil jóvenes menos trabajando en Arequipa, una reducción del 28%.

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Ahí aparece la paradoja local. Arequipa tiene minería, manufactura, comercio y servicios especializados. Pero varios de esos sectores exigen experiencia, certificaciones o redes previas. Es decir, la economía puede crecer, pero no necesariamente crear suficientes puestos de entrada para practicantes, técnicos recién egresados o jóvenes que buscan su primer empleo formal.

El paralelo nacional y local revela la misma fractura

A nivel nacional, el problema se expresa en tres señales: alto desempleo juvenil, informalidad y aumento de jóvenes fuera del estudio y del trabajo. En Arequipa, el problema se vuelve más contradictorio porque ocurre en una región con mejores indicadores laborales que otras zonas del país.

El IPE señala que, entre 2019 y 2023, aumentó en 193 mil el número de jóvenes que no estudian ni trabajan en el Perú. Además, el 85% de ese incremento se concentró en los niveles socioeconómicos D y E. Según el mismo análisis, el aumento fue más fuerte en zonas de la sierra norte y sur, con casos como Cajamarca, Arequipa y Puno, donde alrededor de uno de cada cinco jóvenes estaría en condición de nini.

En Arequipa, además, medios regionales han reportado que la informalidad golpea especialmente a la juventud. AQP en Contacto informó que el 79% de jóvenes arequipeños trabaja en la informalidad, una condición asociada a ingresos inestables, falta de beneficios y menos oportunidades de capacitación.

Otro dato local refuerza el contraste. Según el Gobierno Regional de Arequipa, la región demandaría 12.224 nuevos puestos de trabajo en 2026, pero el 60,8% de esos empleos serían temporales o estacionales, mientras que solo el 39,2% serían de necesidad continua.

Es decir, Arequipa sí proyecta empleo, pero no todo ese empleo garantiza estabilidad ni trayectoria para los jóvenes.

La inteligencia artificial puede cerrar aún más los puestos de entrada

Según el profesor Patricio Lewis, a la falta de experiencia y la informalidad se suma un nuevo desafío: la inteligencia artificial. El problema no es que la IA vaya a eliminar todos los empleos, sino que puede transformar justamente las tareas básicas que antes servían como primer escalón laboral.

Redactar informes, ordenar bases de datos, clasificar documentos, responder consultas, hacer resúmenes o apoyar procesos administrativos eran actividades comunes para practicantes, asistentes y recién egresados. Hoy, muchas de esas tareas pueden ser automatizadas o aceleradas con herramientas digitales.

El Banco Mundial y la Organización Internacional del Trabajo(OIT) estiman que entre el 26% y el 38% de los empleos en América Latina y el Caribe podrían estar expuestos a la inteligencia artificial generativa. El estudio señala que entre 8% y 14% de empleos podrían mejorar su productividad, mientras que entre 2% y 5% estarían en riesgo de automatización completa.

La OIT también advierte que la exposición es mayor entre personas jóvenes, trabajadores urbanos, formales, con educación superior y en sectores como banca, finanzas, seguros y administración pública.

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Para Arequipa, esto plantea una pregunta urgente: si los empleos de entrada cambian, ¿están los jóvenes siendo preparados para competir en una economía más digital?

Análisis: por qué importa mirar el empleo juvenil como emergencia

El empleo juvenil no es un tema menor. Si un joven no estudia ni trabaja durante varios años, pierde ingresos, experiencia, redes y confianza. Esa pérdida no solo afecta su presente, también reduce sus oportunidades futuras.

Para el país, el costo también es alto. Menos jóvenes trabajando significa menor productividad, menor recaudación, más dependencia económica y mayor riesgo de pobreza. Para Arequipa, el problema es aún más sensible: una región que crece necesita renovar su fuerza laboral, formar técnicos, incorporar innovación y evitar que sus jóvenes migren o queden atrapados en empleos informales.

Por eso, la discusión no debe quedarse en si hay más o menos empleo. La pregunta de fondo es qué tipo de empleo se está creando, para quién y con qué posibilidades de crecimiento.

Lo que debería hacer el próximo gobierno

Para el profesor Patricio Lewis el próximo gobierno necesita una agenda concreta de empleo juvenil. 

Primero, un programa de primer empleo formal que incentive a las empresas a contratar jóvenes, pero con condiciones claras: contrato, capacitación, supervisión y permanencia mínima.

Segundo, es muy importante fortalecer la formación dual. Esto significa que el joven estudie y trabaje al mismo tiempo en una empresa real, con funciones supervisadas y remuneración. En Arequipa, este modelo podría aplicarse en minería, mantenimiento industrial, logística, turismo, comercio formal, salud, construcción, servicios digitales y manufactura.

Tercero, atender directamente a los ninis. No basta decirles que estudien o trabajen. Se necesitan programas con capacitación corta, apoyo económico, orientación psicológica y conexión directa con empresas.

Cuarto, preparar a los jóvenes para la inteligencia artificial. Manejo de datos, herramientas digitales, automatización básica, inglés técnico y uso responsable de IA deberían dejar de ser habilidades adicionales y convertirse en parte de la formación básica para el empleo.

La formación dual debe conectar institutos, universidades y empresas

Otra medida clave es fortalecer la formación dual. Esto significa que el joven estudie y trabaje al mismo tiempo en una empresa real, con funciones supervisadas, remuneración y certificación. No se trata de prácticas gratuitas ni de mano de obra barata, sino de una ruta para que el joven gane experiencia antes de egresar.

En Arequipa, este modelo podría aplicarse en sectores con demanda regional: mantenimiento industrial, minería y proveedores mineros, logística, turismo, comercio formal, salud, construcción, servicios digitales y manufactura. Para que funcione, el Estado tendría que articular al Ministerio de Trabajo, Ministerio de Educación, Gobierno Regional, universidades, institutos y gremios empresariales. Indicó el    profesor Patricio Lewis

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