La Contraloría advirtió atrasos en la ejecución, demoras en la compra de materiales, observaciones al personal técnico y deficiencias en el control de obra. El proyecto será heredado a las nuevas autoridades que resulten elegidas en la segunda vuelta electoral de la Universidad Nacional del Altiplano.
Mientras la Universidad Nacional del Altiplano (UNA) de Puno atraviesa el proceso de segunda vuelta para elegir a sus nuevas autoridades, una de las obras más emblemáticas que deja la actual gestión rectoral acumula retrasos, observaciones técnicas y problemas administrativos que podrían comprometer su ejecución.
Se trata del proyecto de mejoramiento y ampliación del comedor universitario, una inversión valorizada en más de S/ 62 millones que busca modernizar los servicios de alimentación para miles de estudiantes. Sin embargo, a ocho meses de iniciado el proyecto, la Contraloría General de la República ha encendido las alertas sobre el estado real de los trabajos.
El Informe de Hito de Control N.° 007-2026-OCI/0202-SCC revela que la obra no avanza al ritmo previsto. Aunque el cronograma establecía que al cierre de abril de 2026 debía alcanzarse un avance físico acumulado de 9.26 %, la ejecución real apenas llegó al 5.98 %.

La diferencia puede parecer menor a simple vista, pero para los órganos de control significa que la obra solo ha cumplido el 64.58 % de lo programado. En términos técnicos, el proyecto ya se encuentra catalogado como una “obra atrasada”.
El desfase resulta aún más llamativo si se considera la magnitud de la inversión. El presupuesto actualizado del proyecto asciende a S/ 62 millones 355 mil 602, de los cuales casi S/ 50 millones están destinados a infraestructura y más de S/ 12 millones a equipamiento e intangibles.
Pese a ello, al 19 de mayo de 2026 la ejecución financiera acumulada alcanzaba apenas S/ 5 millones 85 mil 978, equivalente al 8.20 % del presupuesto total.

Ochenta y dos días de espera
Uno de los principales hallazgos de la Contraloría apunta a problemas de gestión interna que terminaron afectando directamente el avance de la construcción.
La comisión de control identificó que los materiales necesarios para ejecutar las losas aligeradas —entre ellos viguetas pretensadas, poliestireno expandido y malla electrosoldada— fueron solicitados el 25 de febrero de 2026. Sin embargo, la licitación pública para adquirirlos recién fue convocada el 18 de mayo.
Sin materiales
Durante ese periodo, la obra permaneció sin contar con insumos considerados esenciales para continuar determinadas partidas constructivas. Según la Contraloría, esta situación generó desabastecimiento en el frente de trabajo y elevó el riesgo de futuras ampliaciones de plazo y mayores costos para la universidad.
La buena pro para estos materiales recién está prevista para el 19 de junio, por lo que los efectos de la demora todavía podrían extenderse durante los próximos meses.
Observaciones al equipo técnico
El informe también pone la lupa sobre la conformación del equipo profesional encargado de la obra.
La comisión verificó que uno de los profesionales designados como Asistente Técnico I no cumplía con la experiencia mínima exigida para una obra clasificada como Categoría C.
La normativa establece que dicho cargo debe ser ocupado por un profesional con al menos tres años de experiencia en el sector público y dos años de experiencia específica en obras públicas. Sin embargo, la documentación revisada acreditó únicamente dos años de experiencia en el sector público y un año y cuatro meses en actividades específicas relacionadas con obras.
Para la Contraloría, esta situación representa un riesgo para la calidad técnica de los procesos constructivos y para la adecuada supervisión de los trabajos ejecutados.
El control también llegó tarde
Otro aspecto observado está relacionado con el cuaderno de obra digital, herramienta que permite registrar diariamente los avances, incidencias y decisiones técnicas adoptadas durante la ejecución de un proyecto.
De acuerdo con el informe, el residente de obra, Darwin Deza Ramos, registró retrasos promedio de diez días en la publicación de los asientos correspondientes al mes de abril. En algunos casos, información que debía registrarse en tiempo real fue incorporada varios días después.
Una situación similar ocurrió con el supervisor de obra, Marcos Quispe Blanco, quien presentó retrasos promedio de once días en el registro de las ocurrencias.
La Contraloría advirtió que estas demoras afectan la trazabilidad de las decisiones técnicas, dificultan el control oportuno de los trabajos y reducen los mecanismos de transparencia sobre el uso de recursos públicos.
Una herencia para la próxima gestión
Las observaciones cobran especial relevancia porque se producen en la recta final de la gestión encabezada por Paulino Machaca Ari, actual rector de la Universidad Nacional del Altiplano.
La comunidad universitaria se encuentra inmersa en la segunda vuelta electoral que definirá a las nuevas autoridades que asumirán la conducción de la institución. Quien resulte elegido no solo recibirá una de las inversiones más importantes de la universidad, sino también una obra con retrasos acumulados y observaciones de control pendientes de corregir.
Con una fecha de culminación prevista para abril de 2028, el comedor universitario aún tiene más de dos años de ejecución por delante. Sin embargo, los hallazgos de la Contraloría muestran que las futuras autoridades deben corregir los problemas detectados y evitar que una de las obras más costosas de la universidad continúe acumulando retrasos.
Dato
La obra del comedor universitario de la Universidad Nacional del Altiplano se ejecuta por administración directa y representa una de las mayores inversiones actualmente en marcha dentro de una universidad pública del sur del país.









