En Lago Valencia, una comunidad cerca de la frontera con Bolivia, los niños reciben clases en aulas construidas por sus padres. Autoridades de Educación hicieron promesas de ayuda, pero estas nunca llegaron.
Cada mañana, decenas de niños de la comunidad de Lago Valencia llegan a la escuela con la misma ilusión que cualquier estudiante del país: aprender. Sin embargo, la realidad que encuentran al cruzar las puertas de su institución educativa dista mucho de las condiciones mínimas que debería garantizar el Estado.
Ubicada a unos 65 kilómetros de Puerto Maldonado, en el distrito de Las Piedras y cerca de la frontera con Bolivia, el colegio que alberga a estudiantes de inicial, primaria y secundaria funciona en ambientes levantados con esfuerzo por los propios padres de familia. Allí no existen pabellones modernos ni aulas equipadas. Lo que hay son estructuras de madera cubiertas con calamina y divididas por enormes plásticos negros que hacen las veces de paredes.
Las imágenes registradas en la institución muestran hasta seis divisiones construidas con madera y cubiertas por plásticos negros. Allí estudian niños y adolescentes de distintos grados que comparten una infraestructura precaria donde incluso los materiales básicos para enseñar resultan insuficientes.

En algunos casos, los docentes recurren a cartones blancos acondicionados como pizarras para poder desarrollar las sesiones de aprendizaje.
Visitas sin soluciones
Según denuncian los pobladores, representantes del sector Educación y autoridades regionales han llegado en distintas oportunidades hasta Lago Valencia. Han observado las condiciones en las que estudian los menores, recorrido las instalaciones y tomado fotografías para registrar la situación.
Sin embargo, los padres afirman que hasta la fecha no se ha ejecutado ningún proyecto que permita mejorar significativamente la infraestructura educativa ni se ha entregado el mobiliario que los estudiantes necesitan.
Estudiar pese a las dificultades
La precariedad se hace más evidente al considerar que una sola estructura alberga a estudiantes de inicial, primaria y secundaria. Las divisiones de plástico apenas logran separar las aulas donde se desarrollan las clases, mientras el calor, el ruido y las condiciones climáticas propias de la Amazonía forman parte de la rutina diaria.
A pesar de ello, los estudiantes continúan asistiendo a clases. Los padres destacan el compromiso de los docentes y el esfuerzo de los menores por seguir aprendiendo en condiciones adversas. Muchos consideran que la escuela representa la única oportunidad para que las nuevas generaciones puedan acceder a mejores condiciones de vida.

Por esa razón, el pedido de la comunidad es simple pero urgente: contar con una infraestructura adecuada, mobiliario digno y ambientes seguros que permitan a los alumnos desarrollar sus estudios en igualdad de condiciones que cualquier otro estudiante del país.
Dato
Ante la falta del Estado, los padres han comenzado a solicitar apoyo a instituciones y empresas.









