
El corredor MAP, entre Perú, Brasil y Bolivia, también figura entre las zonas expuestas a condiciones de sequedad.
La amenaza podría comenzar mucho antes de que aparezca la primera columna de humo. Un fuerte episodio de El Niño hacia finales de 2026 podría dejar a la Amazonía bajo condiciones más secas y vulnerables, preparando el escenario para una temporada de incendios especialmente severa durante 2027.
Ese es el principal escenario planteado por el Monitoring of the Andes Amazon Program #248, un estudio del Proyecto Monitoreo de la Amazonía Andina (MAAP), iniciativa de Amazon Conservation que utiliza imágenes satelitales para analizar los cambios que ocurren en los bosques de toda la cuenca amazónica.

Después de El Niño
El análisis encuentra un comportamiento que resulta clave para entender la advertencia. Los grandes episodios de El Niño no necesariamente coinciden con el año de mayor superficie quemada. El efecto puede aparecer después, cuando las condiciones de sequedad dejan a la vegetación más expuesta al fuego.
El antecedente más claro se produjo con El Niño de 2015. Aquel episodio, considerado muy fuerte y asociado a una anomalía de temperatura de +2,34 °C, fue seguido en 2016 por la quema de alrededor de 1,76 millones de hectáreas de bosque primario.
Un patrón similar volvió a observarse después del El Niño de 2023. En 2024, la Amazonía alcanzó un récord de aproximadamente 2,79 millones de hectáreas de bosque primario afectadas por incendios. En 2025, la superficie quemada disminuyó con el retorno de condiciones más húmedas asociadas a La Niña.

Una Amazonía que cambió
El estudio también encuentra un cambio importante en el comportamiento del fuego. Antes de 2016, el promedio anual de superficie afectada rondaba las 150 mil hectáreas. Después de ese año, el promedio se elevó hasta cerca de un millón de hectáreas por año.
La cifra muestra que el problema dejó de ser únicamente la aparición ocasional de grandes incendios. La Amazonía entró en un escenario de mayor exposición al fuego. Y allí aparece otro elemento: la deforestación.

El fuego puede comenzar en áreas que ya fueron modificadas por actividades humanas y posteriormente avanzar hacia zonas de bosque. El estudio señala que más del 70 % de los incendios de gran magnitud analizados en la Amazonía brasileña se inicia en áreas recientemente deforestadas.
En el caso peruano, la advertencia alcanza especialmente a Madre de Dios, Ucayali y Huánuco.
En Madre de Dios, el estudio identifica como territorios prioritarios a Las Piedras, Iberia y Tahuamanu. En Ucayali aparecen Campo Verde, Nueva Requena, Masisea, Yarinacocha y Manantay. En Huánuco, la atención se concentra en Puerto Inca y Tournavista. Estas zonas presentan una alta recurrencia histórica de incendios y concentran parte importante de los daños registrados durante la última década.
La preocupación, por tanto, no se limita a una sola región. El escenario dibuja una franja de vulnerabilidad que atraviesa buena parte de la Amazonía peruana.
Situación de Madre de Dios
La amenaza tampoco termina en la frontera peruana. Madre de Dios, Acre en Brasil y Pando en Bolivia forman el denominado corredor MAP, un territorio amazónico continuo donde las condiciones ambientales pueden generar impactos simultáneos.
En este espacio, un periodo prolongado de sequedad puede favorecer la propagación del fuego en zonas que atraviesan diferentes jurisdicciones, haciendo más compleja la respuesta.
Esto genera un problema acumulativo: un bosque previamente degradado o una zona recientemente deforestada puede quedar más expuesta al fuego cuando llegan condiciones de sequía extrema.
Riesgo con antecedentes
La temporada de 2024 dejó una señal de lo que puede ocurrir cuando las condiciones climáticas extremas coinciden con actividades humanas. Aquel año, la Amazonía registró una de sus temporadas de incendios más graves, mientras que el análisis posterior mostró una reducción durante 2025.

Ahora, el escenario vuelve a cambiar. El Niño 2026-2027 aparece como el factor climático que podría determinar las condiciones de la próxima temporada. El estudio MAAP #248 plantea que el comportamiento del océano durante los últimos meses de 2026 será determinante para evaluar el nivel de riesgo que enfrentará la Amazonía durante 2027.
Una temporada extrema de incendios no significa únicamente pérdida de árboles. El fuego puede afectar ecosistemas, fauna, disponibilidad de agua y actividades productivas, además de generar impactos sobre las poblaciones que viven en estos territorios. Por ello, el estudio plantea que la vigilancia de las condiciones climáticas debe comenzar antes de que llegue la temporada crítica.
La advertencia que deja el MAAP #248 es las señales de una cadena de condiciones que podría comenzar con El Niño en 2026 y terminar con una temporada crítica de incendios en 2027. Y en esa cadena, Madre de Dios, Ucayali y Huánuco aparecen entre los territorios peruanos que tendrían más que perder.
Dato
MAAP significa Monitoring of the Andes Amazon Program, es una iniciativa de Amazon Conservation que utiliza imágenes satelitales de alta resolución para identificar y analizar deforestación, minería e incendios en la cuenca amazónica.







