Sociedad

Detrás de la nariz roja, el oficio de despertar sonrisas

El pasado lunes 25 de mayo, el Perú celebró el Día del Payaso en homenaje al célebre y reconocido payasito ‘Tony Perejil’, José Álvarez Vélez, quien falleció esa misma fecha, pero en 1987. En Arequipa, la semana estuvo marcada por actividades muy coloridas, desde el desfile en la Plaza de Armas, hasta un pasacalle donde no faltaron las risas, las ocurrencias y las bromas de más de 450 payasos y animadoras que residen en la Blanca Ciudad. 

La vestimenta característica de los payasos: cara pintada, nariz roja, chalupas gigantes (zapatos) y diversos trajes, suele ocultar la vida de personas que, como cualquiera, también lloran, se frustran, madrugan para trabajar y guardan en silencio sus propias alegrías y tristezas. Si su oficio es regalarnos sonrisas, ¿quién se detiene a hacer sonreír a quien vive dedicado a alegrar a los demás?

En ese espacio entra «Tony Papelito». Pocos lo saben, pero es periodista de profesión; sin embargo, antes de aprender a escribir una nota de prensa aprendió a hacer sonreír a las personas. Se trata de Helard Escobedo, quien sin nacer en un circo o entre artistas, poco a poco descubrió su camino. Creció en las aulas del Colegio Independencia Americana, entre exposiciones escolares y compañeros que lo veían actuar sin vergüenza. El nacimiento de su personaje ocurrió poco después. 

Todos los 25 de mayo se celebra el Día del Payasito Peruano.

Helard tenía 20 años cuando decidió que «Tony Papelito» sería su nombre artístico. La elección no fue casualidad; en el entorno, «Tony» funciona como seudónimo para los payasos ingenuos y divertidos, esos que hacen reír sin malicia. «Papelito» casi casi le vino por añadidura porque en ese entonces, según él mismo cuenta, «era muy flaco». Hoy, a sus 35 años de edad, recuerda que su madre se dio el tiempo para hacerle su primer traje. Y así, comenzó una doble vida en la que el personaje de cara pintada ayudaba al estudiante de Ciencias de la Comunicación. Sucede que los ingresos que recibía como payaso sirvieron para solventar su etapa universitaria. Al concluir su carrera, en el año 2012, comenzó sus prácticas en una radio que hoy ya no existe, para luego pasar a trabajar en Radio Melodía y por último en Radio Fórmula. 

Parece impensado, pero los payasos se toman en serio su trabajo y hasta tienen una asociación. Jhon Coaquira, representante de la Asociación de Payasos y Animadoras Región Arequipa, explica por qué hicieron una sola fuerza a través de un gremio. «Nos juntamos por la necesidad de solicitar permisos, convenios o contacto con algunas instituciones para poder hacer las cosas con formalidad».

Jhon Coaquira comenzó a animar en eventos a los 8 años junto a su hermano. Actualmente lleva más de 40 años en el mundo artístico y mantiene una visión clara: «Nuestro trabajo está direccionado para compartir nuestras habilidades y nuestro arte con la finalidad de hacer un mundo feliz».

Pasacalle de payasos en Arequipa.

Lecciones para un payaso

Los múltiples eventos y fiestas a los que ha acudido Helard Escobedo le han dejado grandes lecciones. “Llegué (a la fiesta) y los familiares me dijeron que la señora tenía cáncer. ‘Hazla reír, ella siempre es alegre’”, le pidieron. «Tony Papelito» animó aquella fiesta mientras la señora bailaba, reía y se divertía. Quince días después, falleció. «Creo que una persona se lleva los mejores recuerdos», piensa ahora. 

En el fondo ser payaso le dio lo que el periodismo por sí solo no le hubiera dado: la capacidad de tocar el alma de las personas, de crear recuerdos de sonrisas imborrables. Ese apego de los niños, ese cariño espontáneo, es lo que lo mantiene. «Es muy bonito, muy bonito, eso es lo que motiva al artista», reflexiona. Hoy, «Tony Papelito» sabe que su historia no es única, es la misma de cientos de artistas que han elegido poner una sonrisa pintada para borrar, aunque sea por un momento, las tristezas del mundo.

A fin de cuentas, «Tony Papelito» no es un disfraz que se quite cuando termina un show, es una forma de vivir, una manera de entender que, como él mismo dice: «la sonrisa es lo que motiva a las personas a hacer las cosas bien». Y aunque, parecen ser tiempos en los que en lo último que pensamos es en reír, ahí siguen al pie del cañón los 400 payasos de la ciudad, siempre ataviados en sus trajes coloridos, sus chalupas gigantes y sus sonrisas pintadas que, en el fondo, son reales.

David Flores

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