Opinión

Chocolate Amargo | Emergencia: un Estado que siempre llega tarde

Lic. Jonathan A. Barcena Carpio. Periodista

En el Perú, declarar un estado de emergencia parece haberse convertido en la versión burocrática de poner un curita sobre una herida profunda. Se firma un decreto, se anuncian medidas extraordinarias, se promete rehabilitación y, durante unos días, las autoridades ocupan titulares. Después, cuando las cámaras se marchan, el problema continúa pero se vuelve a ser invisible.

El caso de Atico, en Arequipa, es nuevamente revelador. El Gobierno acaba de declarar, por 60 días, el estado de emergencia en Atico, Ilo y Cairani por los daños ocasionados por la DANA Aníbal. La propia norma reconoce que la capacidad de respuesta de los gobiernos regionales fue sobrepasada y que se requiere la intervención del Gobierno nacional. Es decir, el Estado admite que llegó a un punto en el que ya no alcanza con mirar desde Lima. ¿Por qué siempre tenemos que esperar al desastre para actuar?

En Arequipa conocemos demasiado bien el libreto. Lluvias intensas, quebradas activadas, huaicos, carreteras bloqueadas, vehículos varados, familias afectadas y, finalmente, una declaratoria de emergencia. En los últimos días, la Panamericana Sur fue golpeada por huaicos en Atico y cientos de personas quedaron varadas.

Una declaratoria de emergencia puede ser necesaria, pero no puede convertirse en política pública. Es una herramienta para responder a una crisis, no un sustituto de la prevención. El problema de fondo sigue intacto: quebradas sin intervención suficiente, infraestructura vulnerable, vías expuestas, escasa inversión preventiva y una gestión del riesgo que demasiadas veces funciona con lógica funeraria: primero espera la tragedia y luego pregunta qué pasó.

El Gobierno tiene la obligación de llegar antes. Antes del bloqueo, antes del colapso, antes de la pérdida económica y, sobre todo, antes de que una familia tenga que llorar a uno de los suyos. La prevención no genera fotografías tan impactantes como una maquinaria retirando lodo, pero salva vidas y cuesta mucho menos que reconstruir.

Si cada emergencia termina produciendo otra emergencia, algo está profundamente mal. El Perú no necesita coleccionar decretos de emergencia; necesita dejar de sumar consecuencias. En Arequipa, la ciudadanía no debería exigir auxilio después del desastre, sino exigir que el Estado haya hecho su trabajo antes de que ocurra. Eso no es gestión pública: es improvisación institucional disfrazada de respuesta rápida ante la tragedia.

Porque gobernar no es aparecer cuando el agua ya entró a las casas. Gobernar es haber construido el dique cuando todavía había tiempo.

CITA

“Una declaratoria de emergencia puede ser necesaria, pero no puede convertirse en la política pública”.

DATO

El Gobierno declaró por 60 días el estado de emergencia en Atico, Ilo y Cairani debido a los daños ocasionados por la DANA Aníbal.

Evidencia.pe

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